Viernes, 18 de mayo de 2007
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ECONOMÍA
El uso de cereales para producir biocombustibles dispara los precios de los piensos para animales
La rentabilidad de los ganaderos cae un 40% en dos años, lo que, según AVA-ASAJA, hará desaparecer el 80% de las explotaciones
La rentabilidad de los ganaderos cae un 40% en dos años, lo que, según AVA-ASAJA, hará desaparecer el 80% de las explotaciones
La producción de biocombustibles no es la panacea energética, pese a que se extiendan empeños por todo el mundo que así lo preconizan. Aparte de otras dudas sobre eficiencia en los resultados y en la reducción real de la contaminación, ya se están viendo consecuencias preocupantes en el terreno alimentario, porque al aumentar la demanda de determinadas materias primas alimentarias para producir biocarburantes, lo que está ocurriendo es que hay una escalada de precios en origen que resiente el abastecimiento de necesidades más básicas.

Los biocombustibles, bioetanol y biodiésel, se obtienen, sobre todo, a partir de cereales y oleagionosas que son empleadas en grandes cantidades para la alimentación humana, bien directamente o a través de su utilización como piensos de animales, para producir carne y leche.

A raíz de ese aumento de la demanda para uso energético, sin que crezca de forma notable la oferta de los cultivos, en menos de dos años se han encarecido los precios de los piensos del ganado en una media del 25%, y el problema no va a parar ahí, porque las líneas políticas de diversificación de fuentes energéticas caminan, entre otras, hacia los biocombustibles, y la escalada se manifiesta en la construcción de millares de nuevas fábricas en todo el mundo. En España, entre las que ya funcionan y las que se están construyendo, son más de cien.

La FAO (organización de la ONU para la agricultura y la alimentación) no cesa de advertir sobre estos problemas, porque ve el peligro del encarecimiento de alimentos básicos y sus nefastos efectos en las zonas más sensibles a estas alteraciones del mercado, las más pobres del planeta. Para este año se prevé un ligero aumento del 4,8% de la producción mundial de cereales, alcanzándose la cifra de 2.095 millones de toneladas, pero la FAO ya está alertando de que eso será insuficiente, dado que se viene arrastrando un déficit de reservas, la población sigue aumentando y crece más aún la demanda de materia prima para elaborar biocombustibles que sustituyan parte de la gasolina y del gasóleo con la aureola ecológica.

En España, y más en concreto en la Comunitat Valenciana, los ganaderos también están notando estos efectos en sus economías. La Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-ASAJA) ha denunciado que la rentabilidad de los granjeros se ha resentido nada menos que un 40% en poco más de año y medio, con la suma del encarecimiento de los piensos y la caída de los precios de venta de sus productos finales, carne y leche.

El precio internacional del maíz, que desencadenó recientemente una grave crisis alimentaria en México, por su relativa escasez y carestía, ha subido más de un 25%, pasando de 15 céntimos de euro por kilo a 20. La cebada se ha encarecido en un 32%, al pasar de 13 a 17,4; la alfalfa ha subido de 14 a 17, y la paja forrajera se ha disparado el 50%, subiendo de 5 a 7,5.

El presidente de AVA, Cristóbal Aguado, ha señalado además otra fuente de constante quebradero de cabeza y de aumento de gastos para los ganaderos: el incremento de normas sobre seguridad alimentaria, trazabilidad, medio ambiente, salud y bienestar de los animales; unas exigencias que no se corresponden con un reconocimiento económico, el cual, bien al contrario, sigue resintiéndose. Y por todo ello ve el peligro de que desaparezcan el 80% de las explotaciones de aquí al 2013, cuando la UE reducirá las ayudas y abrirá más su fronteras.

 
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