Sábado, 10 de marzo de 2007
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Valencia
Ni la riada pudo con la fiesta
Valencia alcanza el 50 aniversario de la riada que asoló la ciudad, así como la decisión unánime de las fallas de continuar con la fiesta y plantar en 1958
Valencia alcanza el 50 aniversario de la riada que asoló la ciudad, así como la decisión unánime de las fallas de continuar con la fiesta y plantar en 1958
Boceto del monumento fallero original del artista Juan Huerta, plantado en la plaza del Caudillo en 1958 (actual plaza del Ayuntamiento).
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Valencia celebrará el próximo día 14 de octubre el 50 aniversario de la mayor riada que asoló la ciudad y de la que se tiene noticia. El río se desbordó por ambas orillas, cubriendo las tres cuartas partes de la ciudad con unas pérdidas que se calcularon en más de 10.000 millones de las antiguas pesetas.

Todos los barrios valencianos sufrieron el azote de las turbulentas aguas. Los casales falleros, sobre todo, del barrio del Carmen se inundaron y los falleros perdieron su más preciado tesoro: los archivos y testimonios de su antigüedad.

Las comisiones falleras contemplan deprimidos que la fiesta de San José para 1958 se les va de las manos, pues pequeños talleres artesanos donde se comenzaba a esbozar los monumentos falleros también habían sido pastos de las aguas.

Tomás Trenor, impulsor
Sin embargo, el impulso del alcalde, Tomás Trenor, marqués del Turia, aconseja que deben continuar los preparativos y plantar fallas en 1958. La iniciativa del alcalde es secundada por los falleros y se ponen a trabajar primero, en limpiar las calles de muebles rotos, maderas, cachivaches y suciedad que obstruía los alcantarillados y, más tarde, recuperar la tradición.

La decisión de hacer falla llegó a oídos del ciertos círculos eclesiásticos que no vieron con buenos ojos, sobre todo, el arzobispo Olaechea que no veía con buenos ojos que las fallas coincidieran, como tantas veces ocurría, con la Semana santa o Cuaresma, ideo que plasmó en una carta pastoral.

Finalmente salió triunfante la idea de plantar fallas que era, en definitiva, la idea lógica de separar el mundo religioso del profano y de no sumir a Valencia en la depresión generada por la riada.

La respuesta unánime fue un “sí” que salió de los más hondo del mundo fallero. Los valencianos y los falleros se rehicieron del desastre y en 1958 agradecieron a toda España la ayuda prestada.

Desde la Junta Central Fallera se estudio el programa de actos y como alguno de ellos tenía que sacrificarse debido a las circunstancias, fue la Cabalgata del Ninot. En su lugar se celebró la Cabalgata de Exaltación Nacional, como agradecimiento a las ayudas que se recibían y como muy bien dijo el entonces presidente del organismo fallero, Clemente Cerdá: Las fallas para Valencia no son una frivolidad, ni un capricho, son un acto de servicio que se rinde a la ciudad, siendo las impulsoras de su economía. Una Valencia sin fallas, es como un cadáver sin enterrar”.

Se nombró fallera mayor de Valencia, a María de la Encarnación Amorós Lluch, que contó con una corte de honor extraordinaria formada por representantes de diferentes regiones españolas. La niña María del Pilar Sánchez de León Rodríguez Roda fue la fallera mayor infantil.

Esa corte mayor con carácter extraordinario estaba formada por Cristina Álvarez-Buylla, de Asturias; María Dolores Alfín de Murcia; María del Carmen Pombo de Castilla la Nueva; Faly Vázquez de Galicia; Ruth Horro de Cataluña; Felisa Murillo de Extremadura; Mercedes Valero de Alicante; Marí Luz G. Campos de Canarias; Amparo Solé de Castellón; Luisa María Arroyo de Aragón; Ana María García-Inés de Castilla la Vieja; María Covadonga de Vascongadas; Mercedes Corradi de Andalucía y Amparo Zaforteza de Baleares; María del Carmen Álvarez-Codórniga de León y Blanca Errea de Navarra..

Martín Domínguez
El año tenía que ser extraordinario y extraordinario fue el mantenedor, nombramiento que recayó en Martín Domínguez Barberá, director de LAS PROVINCIAS, que en su discurso dio una lección de serenidad y de valencianía, a la que no estaban muy acostumbrados los valencianos. El discurso tuvo repercusión política y provocó cierto malestar en las filas del Gobierno de entonces; malestar que se convirtió en alguna que otra sanción. Bajo el título de “Cuando enmudecen los hombres... ¡hablan las piedras!, habló de la ciudad y, sobre todo, reclamó las ayudas no recibidas del Estado, mientras agradecía la solidaridad mostrada por los españoles.

En la entonces plaza del Caudillo, se plantó la falla denominada de la gratitud, obra del artista Juan Huertas. “Como la riada destruyó el taller que tenía en la calle Jai Alai, me buscaron una nave junto a la calle Visitación y allí hice la del Ayuntamiento y otra que se regaló a Murcia”, señala el artesano.

El artista diseñó un monumento fallero en el que la tradicional sátira fallera no era protagonista. Representó una figura de la Valencia caída, elevada cariñosamente por una matrona que representaba a España y, teniendo junto a ella todas las regiones, situadas en una espectacular escalinata, que llegaban a socorrer a la hermana en desgracia.

Las fallas de 1958 se celebraron con gran alegría de los valencianos y de los integrantes del mundo fallero que contemplaban con júbilo un esfuerzo recompensado.

 
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