Sábado, 24 de febrero de 2007
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Plaza del Ayuntamiento: caleidoscopio
Es el conjunto urbano con más cúpulas y torrecillas de la ciudad. Bulliciosa en extremo, respeta su gran espacio para las ‘mascletaes’, cafés, entidades bancarias y quioscos de flores
Es el conjunto urbano con más cúpulas y torrecillas de la ciudad. Bulliciosa en extremo, respeta su gran espacio para las ‘mascletaes’, cafés, entidades bancarias y quioscos de flores
H a cambiado de titulación tantas veces, como se ha reformado su centro, hasta que se llegó a la conclusión de obviar proyectos arquitectónicos y dejar la amplia superficie limitada por los quioscos de flores y algunas palmeras para las ‘mascletaes’ de marzo; cuando los valencianos se deleitan con el olor acre de la pólvora y el estruendo con el que tiembla el suelo.

La plaza está llena de vida, con o sin fiestas. Suenan las campanas del reloj del Ayuntamiento, que nadie escucha, cambian constantemente los juegos de surtidores de la fuente, que los utópicos quisieron que fuera musical; existen lugares clave para las citas y las terrazas de las cafeterías pugnan por el espacio bajo los árboles del amor y de las catalpas. Mención aparte, el gigantesco olivo que en una isleta, entre Correos y Telefónica, crece y crece ignorando el maleficio de la contaminación.

La imagen antigua, facilitada por José Huguet se tomó desde el Ayuntamiento, el gran edificio que tanto gusta al ciudadano por sus cúpulas de cerámica dorada y sus torres, en la que sobresale la central. Alegre y ampuloso (de los arquitectos Francisco Mora y Carlos Carbonell) pertenece al neobarroco valenciano, ofreciendo su fachada una inacabable lectura: guirnaldas que rodean columnas, amorcillos entre flores, pomos de naranjas y valencianas castamente desnudas. Desde el cuerno de la abundancia de la Valencia romana al casco del Rey Don Jaime convertido en símbolo, nada se omitió.

Sobre la puerta principal alegorías y figuras de Mariano Benlliure, Octavio Vicent y Vicente Beltrán, que representan la Justicia, las Artes, las Letras y las virtudes cardinales.

Mas dejemos la Casa de la Ciudad, donde día sí, día no y el del medio, hay recepción y visita extraordinaria, motivo por el que la escalinata queda flanqueada por guardia de vistoso uniforme.

Desde lo alto, contemplando el ir y venir de gentes, paso de coches y buses, un león del escultor Salvador Arnau corona la finca del chaflán con Periodista Azzati. Un león que, según la luz y las sombras, parece reir y divertirse, ante tanta gente con buen apetito, porque si antes la añorada Casa Barrachina, de la que sólo quedan tres originales marquesinas de hierro, convocaba con sus espacios de cafés y comidas rápidas (¿quién no recuerda sus ‘pepitos’ y sus ‘blancos y negros’?), heladería y cafetería con salón, hoy invitan American Restaurant Hollywood, Foster´s y Pans & Company, donde tanto jóvenes como octogenarios comen unos abundantes bocadillos. Sí, sí; se huele a frituras, a cerveza fresca, a café. Y en esa pugna por renovar que nos identifica, ahora la cafetería San Patricio se está transformando en una taberna elegante con aire irlandés y de siglos: quinqués, fotos antiguas, relojes de estación y plafones con envejecida madera donde se adivina la bandera. El eclecticismo no emborracha.

El monumento del Marqués de Campo, obra de Mariano Benlliure donde su escultura símbolo de la Navegación obtuvo la primera Medalla en la Exposición de París, se trasladó a la Gran Vía Marqués del Turia - plaza Cánovas del Castillo; y nuestra plaza fue originalmente transformada según proyecto de Javier Goerlich, que diseñó ondulaciones para una plataforma y colocó un mercado de flores y una fuente, en el bajo. Tampoco permaneció largo tiempo. Y así, entre polémicas y concursos de ideas, el corazón de la plaza (menos en fallas) es para los turistas, que avariciosos de sol, se tumban en los bancos.

La lotería Bello
Conocida en toda toda España y subtitulada La Lotería de los Millones, Casa Bello siempre tiene una cola de aspirantes a la suerte. Fundada en 1912 por Juan Bello Paricio en una hermosa finca, la regenta hoy la tercera generación. Hará tres décadas, en el bajo contiguo se hallaba la librería Maraguat, tan recordada por los amantes de la lectura, porque los títulos de las novedades literarias, en sus largos escaparates formando un pequeño hall, ya era tentación. La librería, de suelo de madera, altillo para los mapas y mostradores con figurines españoles y franceses, en los que insertaban patrones, eran reclamo para costureras y señoras que habían seguido cursos de corte y confección.

Hoy, se puede asegurar que las fincas más bellas de los arquitectos Mora, Goerlich, Carbonell y Borso de Carminati, han sido adquiridas por entidades bancarias; y en los bajos más reducidos, compiten las agencias de viajes. No faltan los quioscos de postales turísticas, en las que el Miguelete, Santa Catalina y la Catedral han cedido la preferencia al Museo Príncipe Felipe, Oceonogràfic y el Palau de les Arts.

 
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