Sábado, 17 de febrero de 2007
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vida y ocio
Un viaje por el medievo
Una empresa turística enseña a niños y mayores la Valencia casi en extinción de los gremios y oficios del casco histórico en el siglo XIII
Una empresa turística enseña a niños y mayores la Valencia casi en extinción de los gremios y oficios del casco histórico en el siglo XIII
En la Edad Media a la hora de nombrar las calles del centro de Valencia no se complicaron la vida. En la vía donde el gremio de los profesionales del calzado se asentó, la calle se llamó Zapateros. El mismo procedimiento se siguió con los cadirers, borbadors, tapinería, bolsería... De los oficios artesanos sólo queda su nombre. Si el turista quiere conocer lo que allí se hacía tiene que competir en el juego de los gremios.

Se trata de un itinerario turístico-cultural por el casco antiguo de la ciudad que, desde que se puso en marcha hace tres años, ha recibido más de 9.000 visitas entre escolares y asociaciones de jubilados. “La idea era revivir la ciudad gremial con un circuito para que el visitante conozca el pasado de la ciudad. Algo bastante complicado porque no quedan vestigios visibles a parte del nombre de las vías”, explica la gerente de Projecta Cultura, Raquel Valero.

El juego de los gremios
A falta de restos históricos se creó un juego para captar la atención del visitante. Como único soporte material, los participantes (a veces son escolares) cuentan con una miniatura medieval correspondiente a una calle gremial y un mapa del centro histórico. El toque de queda es a las diez de la mañana y el punto de partida son las torres de Serrano de Valencia para grupos infantiles. Antes de iniciar el trayecto, los guías dividen al grupo en diez equipos para que compitan entre sí y demuestren su conocimiento de la Edad Media en la capital del Turia.

Rosa Gavara es profesora de valenciano del instituto público de l’Eliana, un centro que repite visita por tercer año consecutivo: “Al estar planteado como un entretenimiento, los chavales se divierten al mismo tiempo que reflexionan, conocen actividades manuales que han desaparecido, aprenden vocabulario tradicional valenciano y entienden que el centro histórico también tiene vida”.

“Estamos en la calle Cadirers. ¿Quién me puede decir que gremio estaba asentado aquí en el siglo XIII?”, pregunta la monitora. Uno de los chavales con algo de vergüenza inicial contesta correctamente y se lleva un punto. En el itinerario se potencia el diálogo entre el guía y los estudiantes, que de esta manera permanecen atentos a las explicaciones. “La gente mayor que hace la visita disfruta mucho porque recuerdan pasajes de su infancia. Además, ven a los monitores, que son jóvenes, y se sorprenden cuando entablan una conversación sobre el comercio que había en determinada calle. Se dan cuenta de que lo conocen y que se interesan por el pasado”, comenta una de las monitoras.

Un guía lanza otra pregunta: “Calle Cavallers. ¿Quién me puede decir por qué está al lado del Palau de la Generalitat?”. Durante la ruta, además del funcionamiento de los gremios, los visitantes asimilan la división estamental de la sociedad medieval, se acercan a figuras como la de Jaime I y comprenden la organización urbanística del medievo.

Después de tres horas, los chavales son pequeños expertos en la Valencia medieval. El ganador del juego es aquel participante que más respuestas acertadas ha contestado y reclama su premio: un bono para comprar en las tiendas del centro histórico.

Atracción para turistas
El éxito ha animado a los organizadores a ampliar el mercado y ofrecer el juego de los gremios adaptado a los turistas. “Modificamos un poco el recorrido para explicar el sentido de las calles y también los monumentos más importantes”, asegura la gerente.

El trayecto, además, se acorta para ajustarlo a la escasez de tiempo del turista. Grupos de franceses han sido los primeros en hacer el itinerario y, según Valero, quedaron fascinados.

Por ahora la visita se ofrece en castellano e inglés, aunque no se descarta aumentar los idiomas. “Desde el Ayuntamiento de Valencia nos han sugerido que establezcamos la ruta en japonés porque los nipones dan mucha importancia a la artesanía hecha a mano. Por ejemplo, con la cerámica valenciana se vuelven locos”, asegura la encargada de estos peculiares itinerarios.

Sean extranjeros o lugareños no hay excusa para pasear por el centro histórico de Valencia y no saber porque la calle bordadors recibe este nombre.

 
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