Viernes, 16 de febrero de 2007
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Cultura
El padre Juan Gilabert Jofré y el primer hospital psiquiátrico del mundo
Universidad CEU Cardenal Herrera

El sermón que el primer domingo de cuaresma de 1409 predicara en la Catedral el mercedario moviendo el celo de los presentes hacia los muchos locos y desamparados que por la Ciudad vagaban, fue causa de que Bernardo Andreu, Lorenzo Salom y otros piadosos varones, con el consentimiento de los Jurados, adquirieran unas casas y huerto próximos a la puerta llamada ‘‘de Torrente’’ para crear un hospital exclusivo en principio para acoger a los locos; le titularon Hospital dels Folls y construyeron una capilla bajo la invocación de la Santa Cruz del Monte Calvario. Benedicto XIII concedió, el 16 de febrero de 1410, su bula fundacional y Martín el Humano su Real privilegio. En él se erigió en 1411 la Cofradía bajo la invocación de Nuestra Señora de los Inocentes Mártires y Desamparados. La celosa administración y organización del edificio hizo que, en 1512, se decidiera reunir en él a los diferentes hospitales que existían en la ciudad (San Vicente, En Clapés, San Guillem, En Conill, En Bou, de la Reina…), excepción hecha de aquellos que por su índole especial, quedaron al margen (los leprosos de Sant Llàcer, pescadores, peregrinos, pobres sacerdotes…) haciendo las necesarias ampliaciones y nueva iglesia. El papa León X expidió la correspondiente Bula, el 21 de junio de 1514, a la que sucedieron después otras ampliatorias y confirmatorias de Julio III, Paulo IV, Pío IV, San Pío V, Gregorio XIII y Sixto V, además de la confirmación de todos los privilegios concedidos por sus antecesores hecha por el emperador Carlos V. En las Cortes de 1585, a petición de los tres Brazos, concedió el rey al Hospital la consideración de pobreza para todos sus asuntos y Felipe V le confirmó en todos sus privilegios ampliándole en otros nuevos concediendo la franquicia de todo impuesto. La caridad del pueblo valenciano y las distintas instituciones se volcaron en el mismo dotándole con rentas, censales, bienes inmuebles, legados, limosnas, colectas, subvenciones, fiestas, espectáculos, juegos…

Hospital para locos en su origen, ya el alemán Münzer decía sobre ‘‘la Casa de los Locos’’: “Notable es la fundación destinada a recoger a los locos, a los melancólicos y a los estultos de uno y otro sexo. Vi muchos acogidos, entre ellos, cierto joven furioso, desnudo, encerrado en una jaula y sujeto con una cadena. Nuestros compañeros diéronle unas monedas para que rezara; pero él empezó a hacerlo en hebreo y a proferir sobre los cristianos las blasfemias que suelen los judíos, porque era hijo de un riquísimo converso que desde niño le educó ocultamente en el judaísmo; pero descubierto el padre por la locura del hijo, fue quemado por ello. La fundación recibe solamente a los artesanos de la ciudad que no sean nobles. Realmente es cosa provechosa y muy bien ordenada”.

Sus múltiples dependencias ocupaban la manzana delimitada por las actuales calles de Quevedo, Guillem de Castro y del Hospital. Decía Des Essarts en el siglo XVII: “El hospital merece bien ser visto. Es en forma de cruz y su capilla en el medio con una gran cúpula. El crucero es de ciento cincuenta pasos de largo, sostenido por ambos lados por una hilera de gruesos pilares de mármol”. En el pasado siglo, tras la creación del nuevo Hospital Provincial, pasó a ser ocupado, provisionalmente, por la Escuela del Magisterio y, en la actualidad es Biblioteca Pública, conservando únicamente de sus antiguas instalaciones el crucero mayor donde se situaban las salas de calenturas de hombres y mujeres; columnas y capiteles del antiguo edificio se hallan diseminados por jardines y plazas de nuestra ciudad.

Pero, hablemos de su fundador. Juan Gilabert Jofré nació en Valencia en 1350 y murió en el Puig en 1417. Bachiller por el Estudio de Lérida, en 1369, ingresó en la orden de la Merced en 1375 en el monasterio del Puig, siendo elector, procurador y encomendador de Montblanch, Barcelona, Lérida, Perpiñán, Logroño y Valencia, destacando por su directa participación en la predicación y redención de cautivos, uno de los principales objetivos de su orden.

La causa de beatificación de Fr. Juan Gilabert Jofré, instruida por deseo de la orden mercedaria y fuerzas vivas de Valencia, es la historia de una serie de intentos a pesar de los cuales el culto inmemorial a él tributado, nunca vetado por arzobispo alguno ni por la Santa Sede, ha sufrido interrupción alguna. La Iglesia, que en 1534 prohibió el culto a los no beatificados, permitió que se siguiera practicando a aquellos que lo hubieran recibido desde tiempo inmemorial, como era el caso del padre Jofré. En el siglo XVIII se inició el proceso con las pruebas testificales correspondientes; sin embargo, con los períodos revolucionarios y desamortizadores se perdió la instrucción. Nuevamente, a principios del siglo XX, dada la continuidad de su culto, vuelven a reunirse copias documentales halladas de la causa y se rehace el expediente hasta que, en la Guerra Civil de 1936-39, la quema y saqueo del Monasterio del Puig destruirán todo vestigio de la misma. El cuerpo del beato, allí venerado como reliquia, fue depositado en el cementerio para evitar la profanación; en tiempos del arzobispo don Marcelino Olaechea y Loizaga serán exhumados y devueltos al Monasterio donde hoy se hallan. En la década de los sesenta del pasado siglo, será cuando el P. Félix Ramajo retome la iniciativa para llevar el santo a los altares; pero, una vez más, el accidente y posterior inmovilidad del instructor deja en suspenso la causa.

Hoy la Iglesia valentina ha concluido la investigación sobre fuentes documentales y, siguiendo una de las vías para llevar a los altares a las personas santas, basada en el culto inmemorial a ellas tributado, se halla en condiciones de coronar con éxito el tantas veces interrumpido proceso de beatificación del P. Fr. Juan Gilabert Jofré. A mayor abundancia, el Calendario Litúrgico nacional celebra la festividad del beato Jofré el 18 de mayo.

 
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