Viernes, 9 de febrero de 2007
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TRIBUNA
Contexto histórico de los frescos renacentistas de la Catedral de Valencia
El arzobispo de Valencia, don Agustín García-Gasco, bendijo ayer los frescos renacentistas restaurados, pintados en la bóveda de la capilla mayor de la Catedral de Valencia por Francesco Pagano y Paolo de San Leocadio en el último tercio del siglo XV. Cabe recordar que estos Ángeles músicos (1474) representados majestuosamente, de gran belleza y riqueza de colorido, fueron realizados gracias al patrocinio del cardenal valenciano Rodrigo de Borja, que accedió al solio pontificio con el nombre de Alejandro VI (1492-1503). Una réplica de los mismos instrumentos musicales medievales reflejados en los frescos serán los que sonarán en la mañana de la inauguración.

Para acercarnos al conocimiento del contexto histórico en que fueron realizadas las pinturas debemos preguntarnos: ¿cómo era Valencia en el siglo XV? La respuesta se deduce de las fuentes documentales. La mayoría de la historiografía valenciana coincide en presentar el Cuatrocientos como un siglo de prosperidad y esplendor del Reino de Valencia en el seno de la Corona de Aragón. Valencia asume la hegemonía en los aspectos demográficos, socioeconómicos, culturales, etc. Se consolidan las instituciones políticas y se produce un afianzamiento de su personalidad jurídica y lingüística, y una gran actividad artístico-cultural.

El caballero y escritor Joanot Martorell en el capítulo CCCXXX de su novela Tirant lo Blanch , escrita a mediados del siglo XV, relata que la ciudad de Valencia “fon edificada en prospera fortuna de esser molt pomposa e de molt valentissims cavallers poblada e de tots bens fructifera; exceptat species, de totes les altres coses molt abundosa, de hon se trahen mes mercaderies que de ciutat que en tot lo mon sia. La gent qui es de alli natural, molt bona e pacifica e de bona conservacio”.

La rica agricultura y la variedad de cultivos sorprendieron extraordinariamente al viajero Antoine de Lalaing induciéndole a escribir: “Al otro lado de Valencia, hasta cerca de cinco o seis leguas de distancia, están los pueblos y los jardines más hermosos que se puedan ver, adornados con higueras, naranjos, granados, almendros y otros frutos no vistos en nuestro país. Crece también allí el arroz, el azafrán, el algodón, y en grandes cañas crece allí el azúcar, el cual refinan en la ciudad de Gandía [...]. Todo el azúcar que llamamos, en nuestro país, de Valencia, viene de allí”.

El cronista Gaspare da Verona, en su obra De gestis Pauli II (1468), en una referencia que alude al papa valenciano Calixto III –Alfonso de Borja– afirmó: “Valencia es hoy en día una ciudad famosa por su esplendor, que Calixto III solía comparar con la urbe de Roma. Se refería al nombre, pues, como él mismo repetía a menudo, Roma significa en idioma argólico fuerza y valor , es decir Valencia ”.

El viajero alemán Jerónimo Münzer, que visitó la ciudad y Reino de Valencia, en 1494, después de recorrer Cataluña, plasmó la sorprendente impresión que le causó y escribió: ‘‘Hállase situada en un inmenso llano [...]. En esta llanura, a poca distancia del mar, álzase Valencia, ciudad mucho mayor que Barcelona, muy poblada y en donde viven condes, barones, algunos duques, más de quinientos caballeros ricos y otras personas de condición’’.

Describe la belleza de los jardines de Valencia, los frutos que proporciona la fértil huerta de Valencia, la actividad mercantil, belleza de la Lonja, la riqueza de la Catedral, los famosos monasterios que posee la ciudad, las vicisitudes de los judíos, la venta de esclavos de Canarias, etc.

Le llamó la atención la abundancia y riqueza de las iglesias: ‘‘Nunca habíamos visto otra ciudad cuyas iglesias estén tan ricamente adornadas con tantos ornamentos de altar y dorados retablos’’.

Sin embargo, es al describir la “Cortesanía de Valencia” cuando mejor refleja la Valencia de finales del XV: ‘‘El pueblo de Valencia es extraordinariamente afable y cortesano. Viven en la ciudad dos duques, uno de ellos hijo del papa Alejandro VI; muchos condes, como los de Oliva y de Aversa, y más de quinientos caballeros. Mercaderes, artesanos y clérigos pasan de dos mil. Visten los hombres ropa larga y las mujeres con singular pero excesiva bizarría’’.

El crecimiento demográfico de la ciudad al socaire de la prosperidad económica hizo escribir al humanista italiano Lucio Marineo Sículo que Valencia a finales del siglo XV era “la primera entre todas las ciudades de España”.

 
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