Martes, 30 de enero de 2007
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TRIBUNA
El nihiliste de Novelda
Per favor, deixen un poquet a la Pantoja, al Dr. Haus o l’ampalagosa Catedral del Mar, que’l asunt te llirons. ¿Escomence? Anem, es un dir, al sigle XIX, cuan u podía vórer per Catral o Alboraya el creiximent de carlotes, chufes, carts o safanories entre parotets y tallarrosos, ¿bonico, no? En realitat, les enfermetats y la pobrea achopíen als valencians que, buscant l’olvit, es divertíen en falles, sainets o beguent lo que fora: llimoná, horchates o vi eixaent. Al mateix temps, en les lluntanes tundres del Imperi Sariste, en lloc de safanories, naixíen monyicots en barba y bigot desde caganius y un entrepá de polvora baix del braç. Ademés, no es díen Vaoret o Nelet; sino Pisarev o Nemov. En eixos noms ¿els quedava més remey que fer canyarets contra el Gran Pardalot o Sar? Aixina, encara que Turguenev ya havía ficat el nihilisme en sa lliteratura, este moviment filosófic aplegaría a tot lo mon al mateix temps que Aleixandre II aplegava a les calderes de Pere Boter en 1881, cuan l’atentat d’arrail nihilista el fea guano pera mujics.

El asesinato popularizó el nihilismo (del latín nihil , nada), incorporándose la voz a los idiomas europeos; p.ej., el castellano y catalán introdujeron el adjetivo nihilista. En valenciano, siguiendo la mecánica gramatical de flexión de género en ciertos sustantivos y adjetivos, adoptamos “nihiliste”. Eixa riquea semántica y morfológica front als idiomes castellá y catalá (sempre agresius), estava arrailá en el renaixentistes de veritat (els del 1500); aixina, el místic Jaume Bertrán, naixcut en Eixátiva per 1460 escriu “artiste” (Obres comtemplatives,1515) , del mateix modo que Lluis Alcanyiç parla del “evangeliste Sanct Johan” (Reg.1490). En castella y catalá donava lo mateix pera mascle, femella y hermafrodite: artista, evangelista, etc. Ara, si volem vostés, deixem als nihilistes y tornem a la safranera Novelda.

Pera anar a Novelda desde Alacant he botat el Portichol, lloma chicotiua que l’AVL encara no l’ha tacat en la –tx catalana. El lletrero du grafía en valenciá modern, el de Mayans y el germá d’Azorín: “portichol: portezuela” (Mayans: Voc. val. 1787), “el Portichol d’Alacant y...” (Martínez Ruiz: Canyisaes, Monóver, 1914). Ya en Novelda, rodejat per l’espírit dels navarros migevals, entre per lo carrer Sargento Navarro, al costat del carrer Navarra, la tenda de Navarro y, entorn de la paraeta Moya, escomence a preguntar rarees: ¿Vosté, sinyor, es sent valenciá, castellá o catalá? Una parella de chicones, agarrant la cartera, me diuen que son “valencianes de Novelda” y, sinse donarme l’esquena, fugen. Insistixc, a un sinyor sentat en caireta junt al Ajuntament, en delicadea (du gayato), li dic: ¿Vosté será del 1940? L’home, punchanme en la mirá, m’estufa: “Yo he naixcut en 1955”. En vista del éxit, deixe al reguinyós gayater y me prenc atre café en llet en lo Racó de Marcos; ahón faig més mordinyats etnollinguístics d’espardenya a les fadrinotes que agarre per davant o per raere. No tinc remey. Si parle del nihiliste de Novelda tinc que chafar els seus carrers y charrar en la seua gent.

Si el atentado de Alejandro II fue en 1881, en 1884 ya teníamos el adjetivo “nihiliste” en valenciano; pero no en heptasílabos yámbicos de hinchas de Verdaguer. El neologismo, antes que en catalán, aparece en el valenciano de Novelda: “¿per qué dius qu’es un nihiliste?” (El Tío Gabia, Novelda, 7-I-1884). Hoy suspendería el estudiante o funcionario que escribiera “nihiliste”. En la misma columna noveldense veo el pronombre eu, heu (invariable ho catalán: “no dic que eu siga encara”, y observo apócopes: “els ha deixat d’una plomá”, es decir, plumazo en castellano y “plomada” en catalán. El valenciano moderno de Novelda usaba léxico y morfosintaxis que hoy, tras años de inmersión, hasta los valencianistas pata azul rechazan; así, en el texto de Novelda leo “sinyor, raere, dili que no estic, aixina o aixana, espay de tres o cuatre, may han tengut, riquea, molt respetable, ya está despachat, rebolicar un poc, aixó ya es atra cosa, no hiá ducte, donárlilo, enfermetat...”. El valenciano de 1884 mantenía singularidades como el uso negativo del verbo defectivo “caldre”, diferenciando entre “convé eixir” y “no cal eixir”.

El nacimiento de un adjetivo como “nihiliste” no es para voltear campanas del Micalet, pero sí lo es la constatación de la independencia del idioma para su propio desarrollo. Hoy está prohibido, sólo se admite lo aprobado por el IEC y su seudópodo AVL. En 1900 la lengua valenciana mantenía vitalidad creativa, bien con humildes adjetivos como “nihiliste” o con expresiones paródicas como “bufa la gamba”, fruto de la evolución morfológica de la medieval bufalaga, planta de poco valor. En el siglo XVIII ya aparece “bufalandanga” como juerga sin reglas (¿traslación semántica de los efectos purgantes y cómicos de la bufolaga?). En el XIX, la etimología popular del valenciano urbano reciclaría el oscuro sustantivo “bufaladanga” en la locución “bufa la gamba”: juerga desmedida, trabajo chapucero, persona sin ataduras sociales, etc.

El valenciano de hace un siglo tiene sorpresas. Por ejemplo, la pregunta: ¿Quína fa més patria: Rita Barberá, Carmen Alborch o Glòria Marcos?, obtendría distinta respuesta para los que conocían el significado del modismo “fer patria”. Si leemos: “aigua que fa aumentar la patria” (Mollá: El punt de Canyamaso, 1920), podríamos pensar en la del Ebro; pero el significado es otro: “ha inventat un liquit pa fermos desarrollar la patria a les escorregudes, y vore si aixina podem tirar avant” (ib.p.6). Aumentar el tamaño de los senos era “fer patria” en valenciano, la silicona no existía y los listillos ofertaban agua milagrosa; en caso de necesidad se recurría al postizo: “si alguna está un poc groseta per davant, es postís...”(El Tio Cuc, n.º 99, Alacant, 1916, p.1). Es curioso, el patriotismo valenciano del 1920 , vacunado por la Gran Guerra, no soñaba con personajes como el interpretado por Mel Gibson en El Patriota . ¿Nos hace mejores? Todo indica que nuestro nihilismo fallero y bufa la gamba, por desgrasia, ha favorecido la despersonalización idiomática; un proyecto llevado a cabo de forma más científica y eficaz que la del Decreto de Nueva Planta.

 
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