Martes, 16 de enero de 2007
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El nuevo espacio de la Glorieta
Dos enemigos en la Guerra de la Independencia, primero el mariscal francés Suchet y luego el general español Elío, son los artífices del jardín
Dos enemigos en la Guerra de la Independencia, primero el mariscal francés Suchet y luego el general español Elío, son los artífices del jardín
Al comenzar el siglo XIX, la plaza de Santo Domingo o de Predicadores, se prolongaba desde la puerta del Real, frente al puente del mismo nombre, hasta la puerta del Mar, junto al edificio de la Aduana –en 1928, convertido en fábrica de tabaco–, siendo todo este terreno, como reseña Vidente Vidal Corella en una de sus crónicas publicada en LAS PROVINCIAS, “un pedregal”. Frente al edificio de la Aduana se hallaba la ciudadela, con troneras capaces para dieciséis cañones, rodeada de un foso seco. Entre este edificio y el de la Aduana, formando parte del lienzo de la muralla de la ciudad, estaba situada la puerta del Mar.

Desde principios del siglo hubo diversos intentos de rehabilitar aquella extensa e irregular plaza de Santo Domingo o de Predicadores –donde se hallaba enclavado un gran convento de esa orden– .Ya en 1802 se limpió de las brozas y los desechos que se acumulaban desde la puerta del Real –recién terminada, ampliando la anterior existente– hasta la puerta del Mar, allanando su piso. Ello fue, para recibir a Carlos IV y su familia, en la visita que realizaron a Valencia en noviembre, pues la plaza de Santo Domingo era paso obligado desde el Palacio Real o Palacio del Real al interior de la ciudad.

Hasta los franceses
Tras la marcha de Carlos IV, el Ayuntamiento de Valencia colocó en la plaza de Santo Domingo la primera piedra de lo que pretendía ser un obelisco conmemorativo de la visita real y que nunca se terminó.

Sobrevino la ocupación francesa en enero de 1812. Tras la derrota, en 1808, del ejército del mariscal Moncey, que se estrelló contra la defensa de los valencianos, otro ejército francés, esta vez mandado por el mariscal Suchet, ocupó Valencia, tras poner sitio a la ciudad y someterla a un duro bombardeo. El año y medio que duró la ocupación, con todas las connotaciones negativas de esta circunstancia, no fue un período de especiales gravedades para la ciudad; al contrario, si hablamos desde el punto de vista de las mejoras urbanísticas que registro Valencia, que no fueron pocas. Y aunque el pueblo llano mantenía su hostilidad contra el ocupante, no pocas personalidades de la nobleza y la elite ciudadana, los “ilustrados” o “afrancesados”, colaboraron con Suchet. Manuel Sanchis Guarner, en su libro La Ciutat de València califica el gobierno de Suchet de “paternalista y conciliador” y respecto a las mejoras materiales para Valencia, señala que arquitectos valencianos e ingenieros militares franceses “procedieron a la rápida reparación de la destrucción causada por el bombardeo de la ciudad durante el asedio y fueron realizadas obras de reconstrucción en la Universidad, el Almudín, el convento del Pilar, el palacio de Cervelló y en la Casa de la Ciudad”.

Señala igualmente la plantación de árboles en la ciudad, y concretamente en el solar del recién derribado Palacio Real, “iniciándose lo que ahora son los Jardines del Real o de Viveros. Lo mismo en la Alameda, cuya arboleda, casi desaparecida durante el sitio fue replantada pródigamente. El edificio de la Aduana fue rodeado también de árboles y, allí, en el solar de unas casas afectadas por el bombardeo y que Suchet mandó derribar, se origino la Glorieta, la cual fue mejorada después por el general Elío”, capitán general que fue de Valencia después de la retirada del mariscal francés, en julio de 1813.

Por su parte, Vidal Corella reseña que “viendo el mariscal Suchet que la parte que enfrentaba con el edificio de la Aduana era un dédalo de sucias callejuelas –una de ellas tenía el elocuente nombre de “Palpacuixes” y medía escasamente un metro de anchura– resolvió modificar dicho sitio, como una plaza, para lo cual mando derribar gran número de casas”..., abriendo así el espacio urbano que sería la Glorieta.

El general Elío
“Retirado Suchet, sigue Vidal, y restablecida la monarquía española, el capitán general Elío dotó de arboleda esa plaza frente a la Aduana con el propósito de instalar allí un monumento a Fernando VII; que no se realizó, pero con los fondos que había producido una suscripción pública, se atendió a la plantación de setos y jardines en el lugar, y se decoró éste, además, con bancos de piedra y estatuas, así un Neptuno, una Venus, una Diana, un Apolo y un Tritón...”

 
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