Viernes, 5 de enero de 2007
Registro Hemeroteca

en

EDICIÓN IMPRESA

Valencia
Un cabildo privilegiado: el de la Santa Iglesia Catedral Metropolitana de Valencia
esta visión que del cabildo catedralicio se nos da, no distorsiona en absoluto de otras impresiones que en tiempos pretéritos manifestaron otros muchos testimonios y que venían a poner de relieve la importancia y el poder que, en aquellos tiempos de la iglesia postridentina, tuvo la Seo Metropolitana y el decisivo papel desempeñado tanto en los aspectos culturales como en los administrativos de la ciudad de Valencia, así como la influencia social de las dignidades del cabildo.

En ese mismo siglo decía Monsieur Des Essarts: “La iglesia mayor del arzobispado, que se llama la Ceud, no es grande. Es casi tan ancha como larga. El arzobispo va vestido de cardenal, y los canónigos llevan el hábito violeta. Las canonjías valen allí tres mil ducados”. Es evidente que una ciudad que tuvo en la sede papal dos de sus hijos y tal importancia en la Europa bajomedieval y renacentista debió verse distinguida con prerrogativas y privilegios que la hicieran singular en el contexto del mundo cristiano, incluso con signos externos que llamaran la atención, como es el caso de los hábitos de sus jerarquías eclesiásticas.

Y rebuscando información gráfica que pudiera ilustrar las explicaciones que nos ofrece J. Sanchis Sivera en su obra La Catedral de Valencia , localizamos en su sacristía una hermosa fotografía coloreada de un canónigo que, vestido con sus mejores galas, posa sobre una tarima para el objetivo de la cámara luciendo sus largas y hermosas colas.

Realmente, no había una gran diferencia entre la indumentaria de los canónigos y la del arzobispo. Si en un principio estos vistieron las mucetas de paño negro fino, forradas de paño carmesí para el verano, y capas del mismo paño negro con sus correspondientes capirotes forrados de piel de armiño para el invierno, con la bula de 1656 concedida por Alejandro VII, se modificó sustancialmente la indumentaria de coro que fue la que subsistió hasta 1896.

Este traje era verdaderamente cardenalicio, de soberbio y majestuoso, afirmación tanto más exacta cuanto que en el ceremonial de entonces se dice que los cardenales usaban siempre en la capilla pontificia, sobre el roquete, amplia capa de color morado y rara vez el rojo por ser éste color propio del papa; en cuanto a la seda usada por los canónigos de Valencia, ni a los obispos se concedía tal prerrogativa en aquellos tiempos. Con el tiempo, las largas capas moradas, incómodas para el uso diario, fueron reformadas sin que nada perdieran de su primitiva majestad y se introdujeron los ropones que se conocían con el nombre de colas.

Indumentaria de los miembros
También el padre Villanueva en su Viaje literario a las Iglesias de España , se detiene a explicar la indumentaria de los miembros del cabildo metropolitano: “Con suma complacencia estoy observando el decoro y gravedad con que celebra esta Iglesia los oficios divinos [...] contribuye también á este efecto el gran número de Dignidades, Canónigos y Pabordres y otros ministros que residen en ella. [...] Hay dos clases de Beneficiados residentes en el coro [...] Sobre la sotana ordinaria llevan otra de seda negra [...] sobre la segunda sotana un roquete sin mangas; sobre él un ropón, que llaman ‘colas’, y es un equivalente de la capa coral: su figura es la que resulta cuando alguno recoge la capa por baxo de los brazos para que no arrastre por detrás, dexando caer delante todo el envoltorio de la ropa hasta los pies. Las dos alas de la capa se figuran con dos triángulos, que llevan al canto una cenefa de tafetán encarnado. Sobre esta reliquia de capa encaxa la muceta ó capirote puntiagudo por detrás, y por delante redondo con pieles cenicientas en invierno, y raso o tafetán encarnado en verano. De esta misma hechura es el vestido de los Clérigos de oficio, los quales... [...] Esta misma es la figura de los hábitos canonicales, con la diferencia que el roquete tiene mangas ajustadas hasta la muñeca, y las pieles en invierno son de armiño, y todo el vestido es de seda morada. Así visten los individuos de este Cabildo desde el Pontificado del Papa Alejandro VII”.

En 1896 fue modificado este traje canonical, a petición del prelado y cabildo, por el breve del papa León XIII, diferenciándose del antiguo en que las colas fueron sustituidas por un capisayo largo; el papa no sólo se limitó a acceder a la petición referida, sino que concedió igualmente el uso de mitras sencillas a las dignidades en todos los actos pontificales, raro privilegio que aumentó el esplendor y dignidad de esta Iglesia, no obtenido por otras insignes catedrales.

Y no fue este el único de los privilegios de que gozó el cabildo catedralicio: desde el derecho de asilo concedido por el rey don Jaime, en 1265, por el que no podían ser extraídos violentamente ni castigados con pena capital los delincuentes que se acogían a la Catedral, a la exención de tributos con que la ciudad gravaba los artículos de comer y beber y que hicieron necesaria una concordia entre el Consell de la Ciudad y el obispo Blanes para determinar cuáles eran estos productos y facilitar la cobranza de los mismos.

Además, los tratamientos de Señoría y Excelencia, concedidos por arzobispos y reyes, a los que habría de añadirse el uso para los canónigos de borla de seda morada en el solideo, vestido talar negro con vivos y botones, alzacuello, faja y medias de igual color. Muestra todo ello de la elevada consideración que para con el mismo tuvieron papas, reyes y la sociedad valenciana.

 
Vocento

Contactar | Mapa web | Aviso legal | Política de privacidad | Publicidad

Canales RSS