Domingo, 24 de diciembre de 2006
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Valencia
Desarrollo sostenible (II)
Immanuel Kant, para explicar su “giro copernicano”, dijo que “sólo podemos conocer a priori de las cosas aquello que antes hemos puesto en ellas”. Esto es, cuando nos acercamos a un objeto de conocimiento, tal objeto solamente se construirá con las categorías que el sujeto le aporte.

Quienes se limitan a vaticinar las consecuencias perjudiciales del desarrollo, solamente demuestran que son incapaces de poder ver las positivas, es decir, han construido el objeto de conocimiento de manera incompleta. Y solamente atendiendo a lo que ellos “creen”, no a lo que los demás puedan saber, puesto que todo desarrollo puede tener consecuencias positivas y negativas, y será la precaución y previsión de estas últimas lo que podrá reducir sus “futuribles” efectos perjudiciales.

El resultado del desarrollo será lo que seamos capaces de poder beneficiarnos de él; por lo tanto, solamente se presumirá negativo cuando se sea incapaz de aportarle lo positivo. Y mucho más cuando hay quienes primero formulan el dictamen magistral, sin poder construir el objeto de conocimiento sobre el que habrían de adoptar la resolución, teniendo así una decisión predeterminada atendiendo exclusivamente a la categoría ideológica que dicen profesar.

Es decir, formulando la decisión antes que analizar sobre lo que se ha de decidir. Dicho en otras palabras, y citando a Descartes “El análisis (la “resolución”) es el método de investigación consistente en dividir cada una de las dificultades que encontramos en tantas partes como se pueda, hasta llegar a los elementos más simples, cuya verdad es posible establecer mediante un acto de intuición”.

Es decir, ningún análisis es válido si lo que se analiza no se descompone hasta que los elementos puedan observarse desde la mera percepción, y mucho más cuando el objeto del conocimiento que habrían de analizar no es presente sino “futurible”.

Pero ellos juzgan la capacidad de los demás partiendo de su incapacidad. Consideran que nadie puede ser más apto que su impericia, es decir, su ineptitud la consideran como la cúspide de la aptitud posible, nadie puede ser más capaz que su propia torpeza. Por eso no pueden ver más allá de lo que su incompetencia les permite.

Es precisamente por ello que sus conclusiones nunca pueden ser válidas, y no deberían serlo ni siquiera para ellos que son quienes las formulan.

 
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