El desarrollo sostenible (I)

JUAN JOSÉ SAPENA

Si el desarrollo sostenible es “el desarrollo que satisface las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades” (en palabras de la Comisión Mundial del Medio Ambiente y del Desarrollo, “Nuestro futuro común”, 1998), de tal definición podemos extraer, para poder dotarlo de contenido, los siguientes elementos:

1º.- La sostenibilidad se refiere al desarrollo, en el sentido que su concepto ha de aplicarse, aunque no exclusivamente, principalmente al desarrollo.

2º.- El desarrollo ha de encaminarse a satisfacer las necesidades actuales de los ciudadanos.

3º.- El desarrollo presente no puede evitar que las generaciones futuras puedan satisfacer sus necesidades.

4º.- La satisfacción de necesidades de una población no se limita, no puede restringirse exclusivamente al medio ambiente, habiendo de incluirse también las necesidades sociales, culturales, educativas, sanitarias, deportivas, etc., de otro modo no se entendería muy bien la expresión “para satisfacer sus propias necesidades”, bien sean éstas presentes o futuras.

5º.- El límite del desarrollo será, pues, el de la dimensión de sus propios recursos.

Por lo tanto, si un municipio no ha crecido, no puede propugnarse que no se desarrolle para que sean las futuras generaciones las que lo decidan (“nadie puede hipotecar el futuro de un municipio”) porque, de este modo, se estaría cayendo en la trampa del falaz argumento de la “slippery slop” (pendiente resbaladiza), que no es otra cosa que “una invitación a la prudencia frente a los resultados futuros y desconocidos que se pueden derivar de un cambio”.

Es decir, los sofismas que se emplean “para rechazar una proposición o desacon sejar una conducta, y por los que se anuncian consecuencias remotas, hipotéticas y desagradables”, argumentando que si un determinado hecho ocurre, otros eventos dañinos sucederán después inevitablemente, por lo cual no hay que permitir ni siquiera que pase el primero, y por lo que presume esta falacia, nunca podría desarrollarse ningún municipio porque siempre habría que esperar a que lo decida la generación siguiente.

Por tanto, el argumento basado en la falacia de la “slippery slop”, asociada al desarrollo sostenible solamente se fundamenta en las “futuribles” consecuencias negativas, simplemente porque pueden ser desfavorables, obviando que las consecuencias del desarrollo también pueden ser beneficiosas, por lo tanto, quienes argumentan con esta falacia no hacen más que aplicar sus temores a la realidad, producidos por su incompetencia.

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