Domingo, 10 de diciembre de 2006
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Valencia
Ignacio Villalonga,valenciano y emprendedor
Hace 50 años, Valencia rindió un gran homenaje al financiero Ignacio Villalonga LAS PROVINCIAS fue motor en el reconocimiento de un emprendedor que antes había sido político
Hace 50 años, Valencia rindió un gran homenaje al financiero Ignacio Villalonga LAS PROVINCIAS fue motor en el reconocimiento de un emprendedor que antes había sido político
No es del todo verdad que los valencianos sean desagradecidos con sus grandes figuras. Pueden ser olvidadizos, o tardos en el reconocimiento, que son cosas distintas. Se podría rastrear la actitud valenciana hacia sus hijos más ilustres y no sería difícil desmontar el extendido mito de la ingratitud. En todo caso, Valencia fue generosa a la hora de reconocer la labor de un financiero de primera magnitud, Ignacio Villalonga. El 9 de diciembre de 1956, ahora hace 50 años, cuatro mil personas se dieron cita, en la Feria Muestrario, en un multitudinario acto-almuerzo en el que se le entregó la Medalla de Oro de Valencia. Y una vez más, LAS PROVINCIAS estuvo alentando el reconocimiento a quien había sido a un tiempo político en la República y emprendedor.

El diario decano, en efecto, fue motor primordial en el reconocimiento de la labor del banquero valenciano al frente de instituciones como los Bancos de Valencia y Central. Y puso en la tarea, como diario conservador pero defensor desde su independencia de los intereses valencianos, el calor especial que no ponían los diarios del Movimiento. Además no se debe olvidar un dato sustancial: aunque en Villalonga, en 1956, se premiaba y reconocía la labor de un financiero clave en la economía de la posguerra, Ignacio Villalonga Villalba (1895-1973), en una primera parte de su vida que se extiende hasta 1939, había simultaneado los negocios con la política activa. Y lo había hecho en el campo del valencianismo, primero, y en la Derecha Regional Valenciana de Luís Lucia, después. Y ese antiguo perfume político era el favorito de tres hombres que tuvieron una importancia sustancial a la hora de fraguar, en la Valencia de los años cincuenta, una acción cívica de corte separado del falangismo oficial: el marqués del Turia, alcalde de Valencia; Joaquín Maldonado Almenar, presidente del Ateneo Mercantil, y Martín Domínguez Barberá, director de LAS PROVINCIAS.

Los tres estuvieron muy activos a la hora de contribuir al homenaje a Villalonga. El alcalde de la ciudad concedió a Villalonga la Medalla de la Ciudad, punto central del homenaje. Que se celebró en el curso de un almuerzo servido en cuatro pabellones de la Feria Muestrario con una asistencia nunca vista en España, 4.000 personas. Autobuses y trenes trajeron a Valencia a cientos de empleados de las empresas del emprendedor financiero. Cuatro emisoras de radio retransmitieron en directo el homenaje, que tuvo que ser seguido por altavoces dentro del espacio ferial.

“Comienza así a desvanecerse la leyenda que vincula a Valencia la insolidaridad ciudadana cuando se trata de exaltar a un compatriota” , escribió LAS PROVINCIAS días antes del homenaje. Llegado el 9 de noviembre, el director, Martín Domínguez, llevó hasta la portada un artículo, titulado “Este es el hombre” , en el que tras elogiar a los valencianos que superan el modelo de vida en una egoísta “islita paradisíaca” y deciden “buscar amplitudes fecundas” , terminaba escribiendo: “Pero el verdadero terreno, en el toreo y en la economía, está en la arena del ruedo. En medio del ruedo veo yo hoy a don Ignacio Villalonga, brindándole españolamente a Valencia su toro. Y esto sí que merece la ovación redonda de nuestro homenaje. Un homenaje que si no lo mantenemos en este cálido y lúcido clima de raza, de “casta”, de altura patriótica, se nos encogerá hasta tomar ese sentido burgués, minifundista, del regateo y el pasa cuentas ajenas...” El director de LAS PROVINCIAS terminaba diciendo: “En definitiva, homenajes así no solo honran al homenajeado. Honran al pueblo que es capaz de tributarlos” .

“Valencia no prodiga estos homenajes. No reconoce fácilmente el mérito de sus hombres. No los aúpa, desaprovechándolos de esta forma, en perjuicio propio” , dijo el marqués del Turia, alcalde de Valencia, al inicio de su parlamento, en el que pidió al banquero una mayor implicación en el porvenir industrial de la región valenciana. Tomás Trenor aludió también, en su discurso, al “escaso peso y personalidad que en el conjunto de lo español tiene lo valenciano, en orden a la economía política a pesar del volumen de su riqueza efectiva” . Entre grandes aplausos, entregó al homenajeado la Medalla de Oro de Valencia.

Villalonga, en su emotivo parlamento de gratitud, hizo gala de su claridad habitual. Habló de su pasado en la política: “Debo confesar que a pesar de mi vocación, de mi pasión política, el resultado, por causas ajenas a mi voluntad, fue decepcionante. Mejores frutos obtuve en el orden corporativo, en la Cámara de Comercio, por ejemplo; pero, contra todo lo que yo suponía, fue en la actividad privada, en los negocios, donde, por paradoja, encontré la manera más eficaz, no solo ya de prosperar personalmente, sino de prestar servicios más eficaces al país” .

En su discurso, lanzó ideas y mensajes que han sido con el tiempo verdad: “El telón de acero no ha de ser eterno y se derrumbará tanto más pronto cuanto antes y con más vigor se construya la Unión Europea. España ha de aportar a ella, en primer lugar, su generosa espiritualidad y después sus medios económicos, que son complementarios, en gran parte, de las economías europeas. Valencia acaso sea la región cuya economía esté mas ligada a la europea, y así tenemos una experiencia que aportar y una misión que cumplir, y no desertaremos de ellas” . Al final de su intervención, Ignacio Villalonga se dirigió a los jóvenes, obreros y estudiantes, y les alentó a la unidad: “Unámonos por España y por Valencia para pesar en el concierto de naciones como adalides de la civilización cristiana y occidental y procuremos hacer una región y una nación ricas, espiritual y materialmente, pues solo así podremos ser generosos” .

Ignacio Villalonga, que había concedido 700.000 pesetas a las actividades asistenciales del Ayuntamiento, Gobierno Civil, el arzobispado y la Asociación Valenciana de Caridad, anunció el nacimiento de una Fundación, que llevaría su nombre, destinada a publicar una biblioteca de estudios económicos que habría de poner énfasis en defender la acción económica y empresarial de índole privada, la labor de los emprendedores individuales. Según ha señalado Pérez Moragón los estatutos propusieron el impulso de “el mercado libre de trabas frente a las tesis propugnadas por los teóricos de las soluciones socialistas y planificadoras, en cuanto resulten dañosas a todos los miembros de la colectividad” .

Una arqueta especial, obsequio de los empelados de los bancos presididos por Villalonga, guarda desde ese día la Medalla de la Ciudad que el marqués del Turia entregó al banquero. Una placa grabada como recuerdo le califica como “eixemple d’acció creadora i artifex de nombroses empreses que han contribuit al progrés de la economía espanyola” .

 
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