Jueves, 7 de diciembre de 2006
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Castellón
Teodoro Llorente: “Eminente e insigne”
Teodoro Llorente fue el político valenciano que más se opuso a la existencia de cuneros en las provincias valencianas. Y he aquí su simbolismo en el periódico que fundó: LAS PROVINCIAS, como expresión de reivindicación ante un poder central que juzgaba excesivo, siempre desde una fidelidad sin fisuras a la idea de España.

Regeneracionista y leal
Pues este político de fuste que fue Teodoro Llorente, también fue un hombre de lealtades, hasta el punto de que la retirada de Silvela como jefe de su partido, le llevó a él mismo a retirarse de la política, en 1903. Fue Llorente uno de los pilares fundamentales del silvelismo en tierras valencianas. Como silvelista fue elegido diputado provincial, diputado en el congreso y senador. En 1895, con la muerte del Marqués de Montortal, Llorente inicia la etapa de mayor dedicación a la política al hacerse cargo de la dirección del partido conservador en la provincia de Valencia.

A raíz de la pérdida de las colonias de 1898, se inicia un amplio movimiento que se ha denominado “regeneracionismo” del que Silvela es su máximo representante en el campo conservador. El regeneracionismo de Silvela surge frente a otros “regeneracionismos” claramente fuera del sistema político de la Restauración que precisamente cobran fuerza en las zonas más prósperas económicamente: el nacionalismo vasco en Vizcaya, la Lliga Regionalista en Barcelona y el republicanismo blasquista en Valencia; Blasco Ibáñez será el gran oponente político de Llorente.

Como escritor fue verdaderamente precoz. A los 17 años escribió un drama titulado Delirios de amor (1853), a los 21 años escribía poemas en valenciano y, a los 23 años, en los primeros Juegos Florales celebrados en Valencia en 1859, antes de que los organizara Lo Rat Penat, ya fue premiado por una poesía titulada ‘‘La nova era’’.

Desde el punto de vista literario fue la expresión valenciana de la Renaixença que también surgía en Langue d’Oc donde Federico Mistral, con su regionalismo cultural romántico y añorante, influía profundamente en él. De ahí que mientras en Cataluña, sobre todo después de 1898, la actividad cultural en catalán cada vez más se confundía con la política, en Valencia tanto por la personalidad de Llorente como por el pacto con Constantí Llombart, la Renaixença se mantuvo al margen de ella. De ahí que el uso de la lengua valenciana no se identificara con posturas políticas concretas. El mismo Llorente lo explicaba así:

“La diferència de criteris entre els trovadors valencians, que al lloar les glories de nostre antic Reine, no aspiren a restablir-lo, en dany de la unitat espanyola, i els trovadors catalans –molts d’ells, si no tots– que treballen per l’autonomía de Catalunya”.

De esta idea no sólo participaban los monárquicos dinásticos como era Llorente, sino también los republicanos como Félix Pizcueta que como presidente de Lo Rat Penat acabó un discurso de esta manera:

‘‘¿Manca algo de hermós, de sabor y de grau en aquesta concurrencia?, de segur que no, lo que prova qu’han conseguit los fonaments d’aquell principi, que servi per a la creació d’aquesta societat: tot per a Valencia y tot lo de Valencia per a la gloria d’Espanya”.

Poeta laureado
De la obra literaria de Teodoro Llorente podemos destacar su Llibret de versos, publicado en 1885; Cartes de Soldat, de 1896; Pro Patria, de 1897; Nou llibret de versos, de 1903 y Poesíes Triades, de 1906. Es decir, una obra constante con una poesía muy trabajada. Obtuvo la Flor Natural dels Jocs Florals de la Ciutat y Regne de Valencia en tres ocasiones. En 1879, 1887 y en 1907. Fue mantenedor en 1905.

Pero si Llorente fue un gran poeta, también fue un gran organizador y promotor de actividades culturales. Por ejemplo, en 1876, año en que se cumplía el sexto centenario de la muerte del rey Jaime I, Teodoro Llorente convocó a poetas provenzales –Jaime I había nacido en Montpellier– y creó el estado de opinión que condujo a la erección de la estatua ecuestre del rey conquistador, obra de Agapito Valmitjana y forjada en los talleres de la “Maquinista Valenciana”.

En 1903, cuando Teodoro Llorente publicó su obra Valencia, sus Monumentos y Artes, su Naturaleza é Historia se organizó un acto al que se adhirieron personalidades tan relevantes como Joaquín Sorolla, Vicente Blasco Ibáñez, Mariano Benlliure, Menéndez y Pelayo, Emilia Pardo Bazán, José Echegaray, además de políticos como Dato, Moret y Silvela. Este acto fue el preludio de lo que sería su coronación como poeta en 1909.

Manuel González Martí, que hacía caricaturas con el seudónimo de Folchi, en una de ellas escribió la siguiente quinteta:

Sent, como sóc, En Teodor,

sóc lo poeta premiat,

la reina, el mantenedor,

i per dir-ho millor:

jo sóc tot Lo Rat Penat.

Todo lo irónico que queramos, pero era el reconocimiento de una realidad: Llorente era a la literatura valenciana lo que Sorolla a la pintura. De ahí que hubo un sorollismo y un llorentinismo. Teodoro Llorente, respetado y venerado en numerosos actos y homenajes por la sociedad valenciana de la época, sobre todo después de dejar la política y la dirección del diario LAS PROVINCIAS, influyó enormemente hasta el punto de que las manifestaciones culturales llevaban la impronta del llorentinismo.

El hecho de que viviera hasta los 75 años (nació en 1836 y murió en 1911) contribuyó a que se le realizaran tantos reconocimientos en vida que culminaron con su coronación como poeta en la Exposición Regional de 1909.

 
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