Domingo, 12 de noviembre de 2006
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EDICIÓN IMPRESA

Valencia
La ley de la calle
Se abusa de ellos porque Dios no les ha dado, como a nosotros, el divino don de la palabra para que puedan ocultar sus pensamientos. Los animales no hablan más que en las fábulas.

Tampoco se manifiestan enarbolando pancartas para protestar enérgicamente por algo, entre otras cosas porque los humanos nos hayamos nombrado, sin su aquiescencia, los reyes de la creación. Quizá las cosas no vayan a ser siempre así.

La sociedad protectora de animales ha dado un paso que se considera de gigante en esto de nuestra embotada sensibilidad: por primera vez se le ha hecho prometer al Gobierno la elaboración de una ley contra el maltrato a nuestros pobres compañeros en la aventura de vivir.

Podrán ir al talego, con condenas de tres a seis meses, los gratuitos verdugos de animales domésticos. Esta ley de la calle se venía echando en falta desde hace mucho tiempo, así como el cargo de Defensor del Animal. Quienes los han contado aseguran que, sólo en Madrid, se han sacrificado 7.000 perros y gatos durante algunos de los últimos años.

Alcanzada esta alta cota de sensibilidad, haría falta otra ley que amparara a esos otros humanos perros callejeros y gatos sin domicilio fijo que conocemos como los sin techo . Según Cáritas unas 30.000 personas carecen de hogar, dulce o amargo, donde vivir, y cerca de 300.000 habitan en infraviviendas. Por si fuera poco, está de moda apalear pobres. Los mendigos se juegan la vida aunque tenga muy poco valor para las pandillas de aguerridos neonazis que los persiguen por las bocacalles. De continuar a este ritmo, la agresión a los menesterosos será declarada deporte olímpico.

Dijo Chesterton que la sensibilidad dista mucho de ser un defecto, pero que lo es su especialización, es decir, la falta de sensibilidad para otra cosa. Quizá muchos animales nos conmuevan porque tampoco tienen techo.

 
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