Sábado, 4 de noviembre de 2006
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EDICIÓN IMPRESA

biografía novelada
Una gran y silenciada figura
Isaías Lafuente intenta rescatar mediante este libro la interesantisima historia de una mujer muy luchadora y con gran capacidad para sobreponerese a las circunstancias adversas. El método elegido ha consistido en escribir una suerte de autobiografía ficticia, basada en diversos documentos.

En nuestros días hay numerosas feministas, muchas de ellas de salón. Hay mujeres y hombres que, amantes de la justicia, comprenden y apoyan los anhelos feministas e incluso luchan para que se hagan realidad. También hay otras que, teniendo en sus vidas cotidianas un comportamiento prepotente e inadvertidamente machista, creen que basta su condición femenina para declararse feminista y una vez establecido ésto cuelgan el sambenito de machista a todo aquél que les cae mal. Pero el feminismo y la “lucha contra el machismo” no fueron siempre tan fáciles. No hace demasiados años Clara Campoamor tuvo que escuchar de otra mujer, Victoria Kent, en el Parlamento español, que no convenía acceder al voto femenino por razones de oportunidad, puesto que éste sería instrumentalizado por sus confesores, que tenían mucho ascendiente sobre las mujeres de entonces.

Se trata de un argumento peregrino, cosa que a nadie se le puede escapar en los tiempos que corren, pero el hecho de que fuera utilizado en una época no tan alejada de la nuestra viene a poner de relieve la dificultad de su empresa. Este dato se corrobora con el hecho de que las enciclopedias han venido silenciando su nombre.

Diputada
Nació a finales del siglo XIX. Al quedarse huérfana de padre tuvo que ponerse a trabajar y abandonar sus estudios. Los retomó a los 32 años y le llevó un decenio acabar la carrera de Derecho, abrir su bufete de abogada y conseguir un escaño como diputada. Fue la primera mujer que habló en el Parlamento español. La independencia, la defensa de las propias ideas, la lucha idealista, no resultan gratuitas en un mundo en el que, como es sabido, los necios tienden a conjurarse. Fue castigada con el ostracismo, por tanto, y murió en el exilio.

VICENTE TORRES

 
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