Jueves, 12 de octubre de 2006
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EDICIÓN IMPRESA

Quiosco Rosa
“No quiero tener más hijos”
No quiero tener más hijos”. Desde las portadas de Semana y Diez minutos Raquel Mosquera y Belén Esteban coinciden en que su cupo demográfico está cumplido con Raquelita y Andrea , respectivamente. La primera, porque el trabajo no le deja tiempo; la segunda, porque no quiere volver a ser madre soltera (de matrimonio, ni hablamos, ¿no?).

En cambio, Inés Sastre opina, con Teresa de Calcuta , que los niños “son como las estrellas: nunca hay demasiados”. Desde luego, si con cada uno el ¡Hola! te abona una exclusiva de portada, como en esta ocasión, es una gran verdad. El infante, que se llama Diego y que viene con un maletín de pasta gansa debajo del brazo, es “el príncipe de la casa, porque hoy, el rey de la casa y de mi vida es mi marido”. Luego, si vienen los complejos de Edipo, nos quejamos...

Lecturas ha elegido como tema principal la peregrinación jacobea de Ortega Cano y sus hijos. El diestro intenta así superar la muerte de Rocío Jurado , porque hoy por hoy se siente “un fugitivo que huye de la angustia”. Quien no se angustia fácilmente es Carlos Larrañaga , que se ha casado con la jovenzuela Ana Escribano , con la asistencia de su hijo nonato en el vientre de su madre. “Será mi última boda”, dice el actor, y a ver si es verdad, porque si no, su Libro de Familia va a parecer la guía telefónica de Nueva York.

Joaquín Sabina reconoce en Diez Minutos que metió la pata al revelar en sus memorias el chiste que le contó Letizia Ortiz sobre los parecidos entre ella y Estefanía de Mónaco . El cantante recibió de manos del Rey la Medalla de Oro de las Bellas Artes y temió “que me diera una colleja”. Quizá no fuera el único cuello que mereciera un real papirotazo.

Alaska y Mario Vaquerizo han abierto a ¡Hola! su casa, previo pago de su importe. Dejemos aparte las opiniones y describamos. En el salón, paredes y techos salmonete, moqueta de leopardo, dos de estos felinos de porcelana, molduras doradas, lámparas de araña, un cuadro del Sha y Fahra Diba, otro de caballos -estilo Cuéntame-, un icono ruso y una pintura del Divino Pastor flanqueado por un Mazinger Z... Podríamos decir más, pero lo sospechábamos: lo más discreto que hay en la casa de Alaska es ella misma.

 
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