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Miércoles, 6 de septiembre de 2006
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EDICIÓN IMPRESA
GRANDES ALMACENES
Ideas heredadas
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El mundo es hoy día económicamente irreconocible”, afirman Alvin y Heidi Toffler en su último ensayo conjunto ( La revolución de la riqueza, en Debate). “La producción mundial ha pasado de los 5,3 billones de 1950 (en dólares internacionales de 1990) a los 51 billones de 2004”.


A medida que Europa, China y otras regiones han ido recuperándose, se han transformado en poderosos competidores”, añaden los Toffler. “En consecuencia, Estados Unidos no aporta ya el 30% de la producción global de principios de los años 50, sino que ha visto bajar su cuota al 21,5%”.


E n términos relativos, el dominio de Estados Unidos sobre la economía mundial es bastante menor que en otros tiempos. Estados Unidos lleva medio siglo de declive”. He aquí aquí una idea heredada que se revela falsa: la hegemonía de Estados Unidos es cada vez más arrasadora.


P ero hay matices. “En términos absolutos, la riqueza de Estados Unidos se ha disparado”. No a causa de su poderío militar (otra idea heredada ), sino por haber aumentado considerablemente “el papel del conocimiento en las empresas y la economía”.


S i los Toffler tienen razón, el futuro será de los países que avancen en su tecnología y su cultura. “Hay culturas que conllevan más productividad que otras”, aseguran los ensayistas. Por eso Irlanda, al abandonar algunas ideas heredadas (falsas de toda falsedad), ha pasado en una decena de años de ser uno de los países más pobres de Europa a uno de los más prósperos del mundo (Andrés Oppenheimer lo explica muy bien en su libro Cuentos chinos ).


C oncha Velasco rueda Chuecatown en el barrio gay de Madrid. “La película es divertida y tiene un componente crítico, habla del momento que vive este barrio, de cómo ha crecido y se ha convertido en la zona más pija de la capital”, afirma la actriz.


A hí tenemos otra idea heredada . Me he educado y crecido en la idea de que lo gay era algo prohibido, clandestino. Al menos lo fue durante las sombrías décadas del franquismo. Luego llegó una cierta tolerancia (“lo que peor soporto es que me toleren”, dijo Jean Cocteau). En los últimos años llegó la deseada normalidad (o eso parece, si rascas tal vez se encuentren desagradables sorpresas carcas).


L as cosas han cambiado tanto que un gay ya no es, como era antes, una mancha en la familia, una persona de amores innombrables, un pecado mortal hecho carne. Ahora un gay es ¡ un pijo ! Al menos en Madrid. Qué decadencia más atroz.



 

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