El PP valenciano padece cada vez más el síndrome del “porco governo”, es decir, se comporta según el tópico italiano de culpar al Gobierno de todo, con la expresión “Piove? Porco governo!” (llueve? Maldito gobierno!), como decía Toni Clemente.
Pero la atribución de todos los males del mundo al enemigo solo sirve en la guerra o en las dictaduras, porque son momentos en que los destinatarios de esa falacia ya están previamente convencidos o no puedan decir que no lo están y, sobre todo, porque no hay modo de obtener información por otras vías.
Fuera de esos contextos, es una tendencia peligrosa porque pierde crédito aunque solo sea por un cálculo de probabilidades: no puede ser que todo, hasta el cambio climático, sea culpa de unos pocos.
Es cierto que en Valencia padecemos determinados males derivados de un Gobierno central sectario y demagógico que niega la falta de agua o la situación de los inmigrantes enviados aquí. Y lo hace por vaya usted a saber qué razones de estrategia electoral ante un candidato que no termina de sacar al PP de la Generalitat.
Pero no es menos cierto que un Gobierno local no puede atribuir sus incompetencias al central y sus éxitos a sí mismo y mucho menos cuando se trata de asuntos que son responsabilidad suya. El último intento es el de una alcaldesa que intenta convencernos de que la inseguridad ciudadana en Valencia es culpa de ZP. Es posible que el Gobierno de Madrid tenga las competencias en la distibución de recursos para ese asunto y, especialmente, sea la autoridad de la que dependen los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado pero eso no puede eximir a una responsable municipal de velar por la seguridad en su ciudad.
Por encima de todo ello hay, de nuevo, un riesgo propio del momento que vivimos: las elecciones cercanas. El riesgo se produce cuando un gobernante pone la estrategia de partido por delante de su propia estrategia, lo que puede acabar con él. Por ejemplo, si Rita Barberá juega a la estrategia de algunos dirigentes del PP que pretenden desgastar al PSOE con una renovación del “Váyase, señor González”. El error es doble: primero, porque ZP se desgasta solo y segundo, porque la alcaldesa “Flor de Pascua” no debe recurrir a eso cuando ZP lleva dos años en el poder y ella, quince.