Los adiestradores de perros policía son hombres. Es la única conclusión razonable después de conocer que los perros del aeropuerto de Huntington pusieron a todos en alerta porque olisquearon restos de explosivo en un frasco que llevaba una mujer en el bolso de mano. Cuando lo comprobaron resultó que era crema limpiadora para el cutis y por tanto que no había nada que temer, excepto si la mujer era tan horrorosa que desmaquillarse se podía convertir en un atentado en sí mismo. Nunca lo sabremos.
Después de este episodio chistoso y de que no se haya producido ninguno con
after shave
, sólo puede decirse que los perros no están acostumbrados a cremas para desmaquillar y lo consideran “fuera de las normas”. Lo más preocupante es que algunas voces digan que el equívoco es lógico porque también esos productos de belleza femenina llevan sustancias prohibidas. ¿Significa eso que embadurnarse de body milk la convierte a una en “explosiva”? ¡Mi reino por un camión cisterna de body milk...!
Este parece ser el verano de las pomadas y potingues varios. El otro episodio “cremoso” tiene como escenario Valencia donde sus policías están –a decir del PSPV– un poco irritados y escocidos desde que estrenaron el nuevo uniforme.
En opinión de la oposición socialista en el Ayuntamiento, el uniforme de la Policía Local es un equipamiento hecho con materiales baratos que no transpiran, lo que produce alergia, irritación y picor hasta el punto de que relatarlo provoca la sensación de que se están sufriendo los mismos síntomas. El alcalde en funciones, Miquel Domínguez, en cambio, explica que los uniformes están hechos con el mismo tejido que usan los deportistas de élite. ¿De surf, de atletismo o de gimnasia rítmica?
Es difícil saber si son ciertas las acusaciones pero viendo las grandes “catástrofes” que se abaten este verano sobre nuestra ciudad en opinión del PSPV –contenedores de basura humillantes y discriminatorios, destrozo histórico del Mercado Central y calvicie masiva de los policías locales– quizás hasta tenga razón el Ayuntamiento y sea producto de las pieles hipersensibles de cinco policías.
Seguramente la cuestión será más delicada –nunca mejor dicho– y seria de lo que se expone en estas líneas pero si la preocupación de la oposición en el Ayuntamiento, a unos meses de celebrarse las elecciones, es el incremento en el gasto municipal de “Bálsamo bebé” para el prurito de los funcionarios, Rita Barberá no tiene más rival que Benedicto XVI, que ya es cabeza de lista en el Vaticano y no puede repetir.
Mientras tanto, los ciudadanos sufrimos, en silencio y sin pomadas que alivien, las alergias que nos producen, por ejemplo, las cucarachas rojas que pululan por las aceras y se meten en casa al menor descuido; las palomas a las que adoro cuando las veo en la Piazza Navona pero no reunidas en Cumbre internacional sobre mi terraza o la falta de servicio de los autobuses urbanos.
Todo ello se une a un problema que la concejala Lloris podía atender con tanto entusiasmo como los riesgos de erupciones y golondrinos en el “cuerpo” policial: la ausencia de policías de barrio ya sea con uniforme de poliéster, algodón, lana o macramé. Poco importa. Por mí, como si van con camiseta imperio (¡válgame Dios!), bermudas y chanclas de colores a lo Torrente. La cuestión es que patrullen, que estén y que se les vea y no sólo por el verde fosforescente del nuevo uniforme que quizás tenga esa función: ya que son pocos, que se les vea mucho y así parecerán más, habrá pensado el Ayuntamiento.
Es tan frecuente su ausencia que servidora no les ha visto el uniforme hasta hoy mismo. Por cierto, uno se ha quitado la dichosa gorra y se ha rascado el cuero cabelludo con cierto afán. Alergia, psoriasis o dudas sobre el contenido del bocata del almuerzo. Chi lo sa. En cualquier caso, se ha rascado, señor concejal. Tome nota: o pertenece al porcentaje de “delicaos de Gandía” (0,0x %) que tiene la Policía Local o es un testigo de que el uniforme es un problema de salud e higiene en el trabajo. Revíselo. Al menos, antes de entregarles los pantalones.