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los mercados bursátiles, los meses veraniegos no les traen buenos recuerdos. La época de descanso por excelencia, los días de paz y sosiego casi nunca tienen su reflejo en los parqués de todo el mundo. Por eso, los ahorradores que mantengan durante este tiempo posiciones en renta variable no pueden descuidar sus inversiones. Se desconocen las causas, pero las mayores crisis bursátiles de los últimos tiempos siempre han tenido como fondo los meses veraniegos. Son unos meses malditos para los inversores, que en los últimos años han visto cómo los números rojos se acumulaban en su casillero al terminar agosto.
Recuerden, por ejemplo, el 11% que perdió el Ibex-35 ese mes de 1990 cuando Irak invadió Kuwait, o el 25,83% que el indicador selectivo cedió en 1998 por el colapso de las economías asiáticas y la posterior crisis de Rusia. Más cercana está la fatídica fecha del 11-S de Estados Unidos. Ese verano nuestro principal índice perdió un 27,16%. Y el pasado año, con los ataques terroristas de Londres, los mercados vivieron días de tensión durante el mes de julio.
De los últimos 16 años, 10 han acabado con pérdidas veraniegas para las Bolsas y, en las mayorías de las ocasiones, con recortes muy abultados. Y este año, todas las papeletas apuntan a que el mes de agosto, después de un julio muy ajetreado, traerá muchos sobresaltos a la renta variable. Con el precio del crudo por las nubes y la escalada bélica de Oriente
Próximo que parece no tener fin, no aparece por el horizonte el mes de agosto deseado por los inversores.
A pesar de este oscuro panorama, no es cuestión de deshacer posiciones y olvidarse de todo hasta pasado septiembre. Lo más recomendable es no desconectar totalmente, y hacer un seguimiento de las inversiones para reaccionar con rapidez.