patricia pérez zaragoza
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En España somos poco productivos. De media, trabajamos más horas que el resto de nuestros colegas europeos, pero no les sacamos tanto partido como ellos. Según el último estudio sobre Tiempo de Trabajo publicado por Randstad y elaborado por ESADE, en España se trabaja una media de 1.815 horas anuales, muy por encima de las 1.654 horas anuales que se trabaja de media en la Unión Europea o de las menos de 1.500 horas que trabajan de media los alemanes, holandeses o daneses. Pese a que ya hemos entrado en una dinámica para reducir el número de horas de trabajo en España, la productividad de los trabajadores todavía deja mucho que desear en comparación con nuestros colegas europeos. Según un informe de La Caixa, el crecimiento anual medio de la productividad de trabajo en España ha crecido a un ritmo del 0,3% en los últimos diez años, un punto por debajo de la zona euro, que tiene un crecimiento del 1,3% anual. Sólo Grecia presenta tasas de productividad menores a las españolas.
De momento, el crecimiento económico no se ha resentido y de hecho el PIB español lleva creciendo bastante por encima de la media europea en los últimos años. No obstante, de prolongarse la trayectoria bajista de la productividad, el bienestar y la calidad de vida española podrían lastimarse. De ahí que resulte más urgente que nunca buscar soluciones para poner frente a la insuficiente eficacia del trabajador español.
¿Qué entendemos por productividad?
Rafael Pampillón, director del área de economía del Instituto de Empresa, afirma que la importancia de la productividad como factor de expansión económica se explica ya que el crecimiento per cápita de un país es el resultado de la evolución conjunta de la tasa de empleo (porcentaje de población que está ocupada) y lo que es capaz de producir cada uno de esos trabajadores ocupados (productividad del trabajo). En el caso español, las causas de la deficiente productividad se justifican por la fuerte presencia de sectores como la construcción o el sector servicios, cuyos empleos son de baja cualificación. «En estos sectores no es factible ver un incremento de productividad», señala Josep Comajuncosa, doctor en economía y profesor de la escuela de negocios ESADE. Estos segmentos, junto con el de automoción y telecomunicaciones son los que menores tasas de productividad registran en España. Pese a esta ineficiencia, según datos del último informe Infoempleo de 2006, la construcción sigue siendo el sector que más oferta de empleo genera. Ha crecido un 11% en el último año. «Hay mucho empleo, pero se trata de trabajos de poca cualificación que en los últimos años han sido ocupados por inmigrantes o jóvenes con escasa experiencia», añade Gregorio Izquierdo, director del Servicio de Estudios del Instituto de Estudios Económicos.
Carlos Obeso, director del Instituto de Estudios Laborales de ESADE, también estima que en España hay una escasa calidad en el trabajo, motivada por una deficiente formación. «En España persiste una cierta cultura de la chapuza, que debemos ir depurando», añade.
La esperanza tecnológica
Para mejorar la productividad, los expertos aseguran que es necesario incrementar el gasto público en educación y tecnología. Los avances, de momento, son escasos. Los últimos datos recogidos en el Informe Cotec 2006 sobre Tecnología e Innovación en España apuntan que el gasto en I+D se incrementó un 9% en 2005. Pese a todo, el esfuerzo español en este ámbito es todavía la mitad del que hacen países como Alemania o Francia. «Hay un dato muy elocuente: las exportaciones medias en Europa de productos de alta tecnología son de entre el 20 y el 25%. España sólo exporta en torno a un 10% en esta materia. Las consecuencias apuntan directamente a pérdida de competitividad y de convergencia con Europa y con Estados Unidos», afirma Josep Comajuncosa. En su opinión, para que la productividad en España mejorara deberíamos esforzarnos en potenciar sectores como el biomédico, farmacéutico, el de telecomunicaciones, material electrónico y aeronáutico. Gregorio Izquierdo apuesta también por incrementar los estímulos a la inversión, recortar los impuestos y liberalizar más la economía.
Por su parte, Rafael Pampillón cree que podríamos mejorar si se fomentara la presencia de empresas extranjeras que trajeran tecnología propia de fuera. «Donde más podríamos crecer es en productividad industrial. No obstante, las empresas no vienen porque la mano de obra en España es cada vez más cara, hay una fuerte intervención pública y unos impuestos elevados», afirma. Según el Banco de España, el valor añadido bruto de la industria viene creciendo menos del 1% anual desde 2002; en el mismo periodo, el empleo ha crecido más del 2%. Eso significa, que el aumento de la mano de obra no repercute directamente en la producción y que se necesita, por tanto, más innovación y eficiencia.
Como punto positivo y de esperanza, cabe citar que en la actualidad sí que hay sectores que ya presentan una productividad aceptable en España. Son el financiero, de comunicaciones y equipos de transporte.