Los turistas tienen costumbres que perjudican seriamente la salud del entorno, según la Ministra Narbona. No se trata de tirar colillas encendidas en los bosques, que es muy grave, ni de dejar basura en la playa, que también lo es, sino de hacer uso del agua en verano.
Los turistas no solo consumen demasiada agua sino que además se empeñan en hacerlo durante los meses más secos precisamente en una costa, como la valenciana, que sufre sequía.
Por eso, por su culpa, tenemos restricciones, según Narbona de Foix. Si tuvieran, en cambio, la deferencia de venir en invierno, se bañarían en una playa casi nevada donde el sol no quema ni hace sudar y por tanto evita que tengan sed. Al mismo tiempo, como no se meterían en el agua ni por todo el oro del mundo, no haría falta la ducha que quita el salitre al salir. Más litros ahorrados. Y, por último, como la nieve se pega menos que la arena a las plantas de los pies, no se necesitaría el grifo para enjuagarlos antes de subir a casa. En resumen, un turismo sensibilizado con la sequía es aquel que bebe, se ducha y lava los platos con horchata de chufa que es la versión autóctona de la leche de burra usada por Cleopatra.
La ministra parece apoyar la tolerancia cero hacia el consumidor de agua. Ciertamente es necesario incentivar el uso cuidadoso de un recurso precioso por lo escaso. Para ello en otros lugares funcionan medidas como las que ya pueden verse en los hoteles andaluces donde se advierte al visitante que debe contribuir al ahorro de agua, por ejemplo, evitando el cambio diario de toallas. Ahora bien, una cosa es culpar a los turistas irresponsables de un uso indiscriminado del agua, como el del señorito que va a la finca una vez al año y no sufre después los problemas de quienes allí viven; y otra es echar sobre una realidad, la del turismo, tan beneficiosa en sentido amplio para nuestra Comunidad, toda la responsabilidad de las restricciones de agua que podamos padecer este verano.
El análisis del problema no puede empezar por los últimos co-responsables sino por las actuaciones achacables a los primeros, esto es, las autoridades que permiten un crecimiento exagerado de las plazas de veraneantes sin calcular los recursos que la zona tiene para ellos.