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Martes, 11 de julio de 2006
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EDICIÓN IMPRESA
Valencia
Zidane
A punto estuvo el futbolista Zidane de ascender para siempre a la hornacina de la ejemplaridad absoluta: tras una larga y brillantísima carrera profesional, se despedía del fútbol en un partido en el que la selección de su país, Francia, podía obtener el campeonato del mundo y en el que ya había marcado el primer gol. Pero cuando el astro tocaba ya con las manos la gloria, sufrió el peor lapsus de su vida. Fue incapaz de digerir una ofensa de un adversario y lo agredió con un golpe que pareció un disparo. Los miles de millones de espectadores del evento quedaron petrificados mientras el ídolo, el mito, se derrumbaba con estrépito. Ante este pequeño drama, habría que preguntarse qué clase de estrellas crea y ensalza la sociedad mediática que nos cobija. Porque probablemente estos individuos mimados por las muchedumbres, jaleados por el halago, corran el riesgo cierto de convertirse en monstruos.