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Lunes, 10 de julio de 2006
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Valencia
El Papa se despide con una misa ante 1,5 millones de fieles
El Pontífice lamentó que se intente organizar la vida social a partir de deseos subjetivos y mudables
Defensa del matrimonio indisoluble entre hombre y mujer como origen de la familia. Esta es la síntesis de la homilía del Santo Padre durante la misa conclusiva del Encuentro, a la que asistieron 1,5 millones de personas. El Pontífice lamentó que se intente organizar la vida social a partir de deseos subjetivos y mudables.
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La homilía de la misa final del Encuentro Mundial de las Familias (EMF) era el discurso más esperado por los fieles. “Se comentará en todo el mundo”, anunció recientemente Navarro Valls, portavoz de la Santa Sede. El mensaje repitió los principios capitales sobre los que se sustenta la familia para la Iglesia, quebrantados por la aprobación de las bodas entre homosexuales por parte del Gobierno.

El comentario de los textos por parte de Benedicto XVI fue interrumpido en ocho ocasiones por la aclamación de una multitud entusiasmada ante las palabras del Santo Padre.

El Ayuntamiento de Valencia cifró en 1,5 millones de fieles la asistencia al evento. “Unas 500.000 personas tenían visibilidad directa del altar, mientras otro millón estaba repartido por el viejo cauce y las inmediaciones de la plaza Europa”, explicaron fuentes municipales. La organización calcula que el torrente de peregrinos alcanzaba los dos kilómetros de distancia desde el altar.

El discurso pivotó sobre el valor de la familia “fundada en el matrimonio indisoluble entre hombre y mujer”. También aludió a la importancia de la educación y alertó de algunos problemas que padece la sociedad.

El discurso, pausado y lineal –exceptuando un par de exclamaciones– se concentró en defender la institución social de la familia, así como su papel en la transmisión de la fe, idea que inspira el Encuentro que ayer se clausuró en Valencia.

Benedicto XVI destacó la importancia de los “abuelos y antepasados” en la familia. De hecho, definió la institución “como una comunidad de generaciones y garante de un patrimonio de tradiciones”.

El hilo discursivo prosiguió con las ventajas que ofrece la familia tradicional, “que es el ámbito donde el hombre puede nacer con dignidad, crecer y desarrollarse de un modo integral”.

El Papa repitió en dos ocasiones –al principio y al final de su discurso– la característica “indisoluble” del matrimonio y su composición por un hombre y una mujer.

No hubo alusiones directas a los Gobiernos –como sucedió en el discurso de la noche del sábado– pero sí mostró con claridad el planteamiento de la Iglesia: “Reconocer y ayudar a esta institución es uno de los mayores servicios que se pueden prestar hoy en día al verdadero desarrollo de los hombres”.

Insistió en la importancia que tienen los padres para transmitir la fe a sus descendientes, “que no es una mera herencia cultural, sino una acción continua de la gracia de Dios”. En este sentido explicó que los progenitores están llamados “a dar un testimonio creíble de su fe y esperanza cristiana”. “Han de procurar que la llamada de Dios llegue a sus hijos con la mayor claridad y autenticidad”, subrayó. Para lograr este fin, Benedicto XVI recomendó a los padres que recen juntos y lean los libros sagrados.

Ni en este discurso ni en los otros cinco anteriores, el Pontífice hizo mención al diálogo del Gobierno con la banda terrorista ETA pese a que fuentes gubernamentales afirmaron antes de la visita que Benedicto XVI aludiría al proceso de paz.

No obstante, sí apuntó otro asunto motivo de confrontación con el Gobierno, como es la educación, aunque tampoco quiso polemizar y lo limitó al ámbito familiar. Así, el Pontífice recalcó que la educación cristiana “es educación de la libertad y para la libertad”, ya que esta proviene de que el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios.

“Responsabilidad”
Benedicto XVI también dedicó unos minutos de su intervención a analizar el momento que viven las sociedades. “En la cultura actual se exalta la libertad del individuo [...] como si se hiciera él solo y se bastara a sí mismo, al margen de su relación con los demás y su responsabilidad ante ellos”. El Papa insistió en esta misma idea: “Se intenta organizar la vida social sólo a partir de deseos subjetivos y mudables sin referencia a la dignidad de cada ser humano y sus deberes y derechos”.

Aprovechó su mensaje final para llenar de esperanza a las familias. “La presencia del Espíritu ayudará a los esposos a no perder de vista la fuente y medida de su amor”.

arallo@lasprovincias.es