La presencia de Benedicto XVI en nuestra ciudad ha tenido una misión muy clara: Proponer el papel central que, para la Iglesia y la sociedad, tiene la familia fundada en el matrimonio. Ésta es una institución insustituible según los planes de Dios, y cuyo valor fundamental la Iglesia no puede dejar de anunciar y promover.
Que nadie piense que la Iglesia ofrece otras alternativas, o ha ido contra pensamientos discodantes. Contra, ¡nunca!. Mirada al futuro, ¡siempre! El objetivo ha sido claro. La familia es el ámbito privilegiado donde cada persona aprende a dar y recibir amor. En una sociedad pluralista, otras opciones son válidas aunque no se compartan.
Como se ha demostrado en el congreso teológico-pastoral, si la Iglesia apuesta por el matrimonio y por la familia no es para mantener un estatus de legitimidad e influencia en las personas sino por servicio desinteresado a la causa del hombre, de todos los hombres sin distinción y de todo el hombre.
La Iglesia sabe que su camino en la historia y en la vida es el camino de las familias, y que los graves desafíos, representados por las ideologías materialistas, son un reto para la conciencia cristiana. La difusión de concepciones equívocas sobre el matrimonio y la familia son, antes que nada, concepciones equívocas sobre la persona humana.
Una tarea permanente de Benedicto XVI es la de no cansarse de volver a presentar, una y otra vez, la verdad y la novedad sobre el matrimonio y la familia. Una verdad que no es propiedad de la moral católica, sino que pertenece, en lo que se refiere a la naturaleza, al acervo de la humanidad común. La Iglesia, en su constante dedicación al matrimonio y a la familia, tiende así una mano al Estado y a los poderes legítimos en orden a un trabajo en beneficio de todos.
La familia es la principal esperanza de la sociedad. Así ha quedado claro en los diversos mensajes que ha Papa ha sembrado en nuestra ciudad. En realidad la presencia del Papa en Valencia es una invitación a recibir los frutos del V Encuentro mundial de las familias para “proseguir una incesante e incisiva pastoral familiar”, que “haga entrar en cada hogar el mensaje evangélico, que fortalece y da nuevas dimensiones al amor, ayudando así a superar las dificultades que encuentra en su camino.”