Amanecía y desde las azoteas de los edificios próximos al altar levantado sobre el puente de Monteolivete había apostados francotiradores estratégicamente situados. El dispositivo de protección para la misa conclusiva que oficiaría horas después el Sumo Pontífice estaba preparado.
8.000 agentes de diferentes fuerzas de seguridad se distribuyeron por las inmediaciones del escenario de la eucaristía para garantizar la seguridad del Papa, los Reyes, ministros, consellers y alcaldes.
1.400 agentes controlaron el tráfico desde la madrugada y ya desde el puente de Ademuz estaba la ciudad cortada al tráfico. Los agentes explicaban a los conductores que querían entrar en la zona acotada que era imposible, en virtud del dispositivo diseñado.
Pero la verdadera zona inexpugnable era el altar desde donde el Papa Benedicto XVI celebraba la homilía multitudinaria y seguida por miles de peregrinos.
Cada esquina de la estructura contaba con un agente y en las gradas otro centenar de policías distribuidos desde el primero al último peldaño del graderío.
Desde hace unas semanas los agentes han estado supervisando las azoteas de los edificios que rodeaban la avenida de Francia. A los que les llegaba la vista podía adivinar la posición de los francotiradores ubicados en las terrazas por el reflejo de los rifles que brillaban con el sol.
Mientras los agentes custodiaban a las autoridades que asistieron a la misa conclusiva, el resto de peregrinos que escuchaban atentamente la misa sufrieron un centenar de percances. El servicio de emergencias 112 recibió la llamada de 95 personas que denunciaron la desaparición de algún familiar, aunque más tarde fueron encontrados. “La masiva presencia de peregrinos hizo que algunos niños se perdieran, pero luego fueron hallados”, puntualizaron fuentes del 112.
Junto a las llamadas de peregrinos extraviados, el servicio de emergencias también recibió el aviso de personas que había sufrido la pérdida o sustracción de monederos, alertas que fueron reducidas a pesar del numeroso público.