El momento de la comunión era uno de los que más preocupaba a la organización. Repartir miles de obleas entre los peregrinos distribuidos a lo largo del cauce se antojaba una tarea difícil. Además, tenía que coincidir en el tiempo con los minutos que iba a tardar el Pontífice en repartir la forma sagrada a dos decenas de personas, elegidas por la organización.
La solución fue finalmente más fácil de lo esperado. El tren turístico que recorre la Ciudad de las Artes y las Ciencias y sus alrededores sirvió para trasladar a los sacerdotes que dieron la comunión a los peregrinos. Los curas se desplazaron hasta las calzadas de las marginales del río para llegar a los fieles que, en la mayoría de casos, esperaban bajo un sol de justicia.
Un centenar de sacerdotes
A las 11 horas descendieron del altar cerca de cien sacerdotes vestidos de un color blanco que contribuía a iluminar todavía más la mañana. En dos trenes turísticos, la comitiva llegó hasta los puntos estratégicos para repartir decenas de miles de hostias consagradas.
En la espera y el trayecto surgieron inevitablemente las anécdotas. Los sacerdotes eran observados por las miradas curiosas de voluntarios, periodistas, policías y algunos peregrinos, que no perdieron detalle. Unos 15 curas ascendieron por la primera de las escaleras de l’Umbracle, la más próxima al puente de Monteolivete.
“Corred, corred, que al final parece que no suben al tren”, se decían unos a otros los voluntarios que debían acompañar a los sacerdotes para sostener a su lado un paraguas para protegerse del sol. “No, no, que son sólo algunos. El resto sí está subiendo”, contestaban otros.
En dos filas, acompañado cada cura por un voluntario cargado con sombrilla en mano, se dispersaron por los pasillos limitados por vallas fuera del recinto. “Me ha encantado que varios de ellos abrieran paso hasta nosotros para darnos la comunión de cerca al grupo que no podíamos llegar a tiempo a tomar la oblea”, comentó Asunción, una de las fieles que esperaba paciente el momento de tomar la sagrada forma. En apenas cinco minutos, los 30 sacerdotes dispersados en este tramo dieron la comunión a los peregrinos. Pronto el Santo Padre llamó a la oración. “Ha sido maravilloso haber podido recibir a los enviados por el Papa a ofrecernos la sagrada forma”, dijo Antonio, un joven de Catarroja.
A pocos metros, en la iglesia de Monteolivete, un grupo de 20 sacerdotes también dieron la comunión a los grupos más próximos a la avenida de la Plata. “Cuando supimos que ellos también saldrían, preferimos no adentrarnos en la masa”, comentó un matrimonio peregrino jubilado de Madrid.
Ministros de la comunión
Los sacerdotes estuvieron apoyados en su tarea de repartir la sagrada forma por ministros de la comunión. Hortensia Pla cumplió esta función en el cauce del río y volvió emocionada por haber participado en la misa, realizando una importante función. “Ha sido muy especial poder contribuir de una manera activa en la eucaristía celebrada por el Papa”.
Elegidos
De manos del Pontífice, unos pocos elegidos recibieron la sagrada forma. El presidente de la Generalitat, Francisco Camps, y su mujer, Isabel Bas; la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá; los presidentes autonómicos de Madrid y Murcia, Esperanza Aguirre y Ramón Luis Valcárcel; el presidente de la Diputación de Valencia, Fernando Giner, o el embajador español en la Santa Sede, Francisco Vázquez, entre otros, tomaron la comunión de manos de Benedicto XVI.
Además de las autoridades políticas, el presidente del Tribunal Supremo, Francisco José Hernando y su mujer; el arquitecto del altar, Juan Pablo Mas; el rector de la Universidad Católica de Valencia, José Alfredo Peris, y otras destacadas personalidades comulgaron en el altar.