El Papa se levantó ayer con un semblante sereno después de pasar su primera noche en el Palacio Arzobispal de Valencia. A la salida de las dependencias religiosas le esperaban miles de feligreses.
Ellos se despidieron de Benedicto XVI a lo largo de un trayecto marcado por la vulnerabilidad de Su Santidad. No cumplió algunas de las normas estipuladas con un objetivo claro: acercarse más a los fieles.
Marchó hasta el aeropuerto de Manises con el papamóvil, en vez de con un vehículo cubierto; y algunos tramos los realizó con las ventanas bajadas para aproximarse hasta los más pequeños y abrazarles. No dudó en poner en peligro su integridad con el fin de hacer felices a sus seguidores.
A las 08.50 horas inició su recorrido. Después de entrevistarse con las autoridades valencianas salió del Palacio Arzobispal para acudir a la Eucaristía que cerró el Encuentro Mundial de las Familias.
No sólo madrugó Su Santidad. Cientos de fieles se agolparon en las inmediaciones del edificio religioso para poder ver salir a Ratzinger.
Subió al papamóvil y, a “una velocidad más moderada que la del sábado”, según coincidían algunos feligreses, se dispuso a realizar su itinerario hasta la Ciudad de las Artes y las Ciencias.
No dejó de saludar a los peregrinos en ningún momento. Unos visitantes de Albuixech, fueron los primeros en llegar a la calle la Paz para “coger un buen sitio” y “ver lo más cerca posible al Papa”. Eran tan solo las 7.30 horas. Los operarios de limpieza todavía estaban adecentando las calles. Y ellos ya estaban apoyados a las vallas.
‘‘Hemos venido tan pronto para reservar un lugar. Después nos iremos a ver a la Mare de Déu”, relató María Arnau, de 60 años, que iba acompañada de Amparo Gimeno, de 50; y Ramon Samper, de 51. A todos ellos les hacía “mucha ilusión” admirar al Pontífice. “Si podemos, volveremos a Roma para reencontrarnos con él”.
Miles de peregrinos aclamaron ayer al Papa desde el inicio del recorrido, aunque a simple vista se percibía que eran muchos menos que los que le recibieron el sábado. Quizás los fieles prefirieron trasladarse directamente al altar dada la temprana hora a la que salió del Palacio Arzobispal. De nuevo, pancartas, bandera y gritos de admiración. También hubo lágrimas.
Los primeros le esperaron en la Plaza de la Reina y en la calle de la Paz, donde el Pontífice recibió numerosas muestras de júbilo y escuchó numerosos gritos de “ya viene, ya viene”. Carlos López y Miriam Alegre, un matrimonio de Valencia de 38 años, acudió con sus dos hijas para que vieran al Papa. “El Pontífice nos transmite seguridad”. Esta pareja, que espera una tercera niña, aseguró que lo importante es “educar a los hijos desde la fe”.
Puente de las Flores
El Papa siguió por el puente de las Flores, donde fue vitoreado y aplaudido por decenas de personas. Al finalizar este tramo y comenzar a circular por el Paseo Alameda, un grupo de peregrinos de Murcia elevó con globos verdes una pancarta en la que se leía “olé que caña, Benedicto está en España”.
En el segmento entre el Palau de la Música y el puente del Angel Custodio, Benedicto XVI fue aclamado por miles de peregrinos que pernoctaron en tiendas de campaña en el antiguo cauce del río Turia. Allí, un grupo de croatas expresó su emoción y exhibió pancartas que elaboraron durante toda la noche y en las que se podía leer: “Te queremos Benedicto”.
Tras su paso, la multitud congregada en esta zona se apresuró para dirigirse a las pantallas a través de las cuales se podía seguir la retransmisión de la misa. El trayecto del Papa por las calles de la ciudad concluyó sobre las 09.15 horas, momento en el que llegó al altar-escenario construido sobre el puente Monteolivete, donde ofició la multitudinaria misa que clausuró el Encuentro Mundial de las Familias. El resto de la ciudad quedó completamente vacío.
Tras la ceremonia, a Manises
Después de la ceremonia, Su Santidad se trasladó al aeropuerto de Manises en el papamóvil y no en un vehículo normal, tal y como estaba previsto. Este gesto, con el que rompió las normas, se lo dedicó a los feligreses como símbolo de cercanía hacia ellos. Algo que muchos agradecieron. “El Papa ha querido estar con nosotros hasta el final de su trayecto. Así lo ha podido ver más gente”, subrayó una joven espectadora. Allí, esta vez con rostro de emoción, se despidió de Valencia. Sus últimas palabras se las dedicó a los Reyes. A las 13.00 horas emprendió el vuelo con destino al aeropuerto romano de Ciampino. Los valencianos le recordarán siempre.