Quique Sánchez Flores dirigió ayer por la tarde el primer entrenamiento de la pretemporada. Fue una sesión suave, corta y que estuvo basada exclusivamente en el trabajo físico y no excesivamente duro.
Los jugadores comenzaron realizando carrera continua por los alrededores del campo de entrenamiento y, tras unos primeros minutos dedicados a ello, accedieron al terreno de juego y, sobre el césped, hicieron diversos ejercicios con los cuales trabajaron diversas zonas del cuerpo: abdominales, adductores, pelvis, tren inferior, etcétera.
Fue Paco de Miguel, preparador físico, quien llevó la voz cantante y marcó la pauta. El resto del cuadro técnico –Quique, Álvarez, Escribá y Puebla–, participaron activamente en el trabajo. Como son 25 los jugadores, alguno de los colaboradores hizo pareja con el que quedaba en solitario, ya que algunos ejercicios necesitaban hacerse a dúo.
A propósito del número impar de jugadores desplazados, esta circunstancia obligó a que uno de ellos pernocte en solitario en una habitación. Le tocó a Fernando Morientes, único de los fichajes que se ha realizado hasta ahora.
El extremeño se integra poco a poco, pero lo hace bien. Por su carácter y manera de ser no tiene problemas. Y, como profesional, demuestra también su integridad. Su predisposición al trabajo es ejemplar.
Tras una hora, aproximadamente, de sesión vespertina, todos al hotel, a ducharse y a prepararse para ver la final del Mundial a través de la televisión, con la cena de por medio. Después, tras un corto espacio de tiempo de ocio, a las habitaciones, a descansar y a reponer fuerzas. Hoy espera la primera sesión doble de entrenamiento, que seguro acusarán los futbolistas.
El reparto de habitaciones quedó como sigue: Vicente-Curro, Navarro-Jorge López, Moretti-Butelle, Edu-Angulo, Lombán-Aaron, Cerra-Insa, Albiol-Silva, Guaita-Córcoles, Gavilán-Verdés, Mora-Regueiro, Pallardó-Pablo y Baraja-Mista.