La playa de la Malvarrosa se convirtió el viernes en un mar de oración y luz. Allí concurrieron hombres y mujeres, niños y adultos de toda raza, color o cultura, lengua o país con un denominador común: creyentes en la familia como motivo humanizante y humanizador de la persona.
“Señor don Juan Gabriel Cotino, hombre de poca fe”, le repetía a lo largo de la semana ¿El número de más de 250.000 personas tumbó su miedo? El acto no era obra de los hombres, sino de del Espíritu de Dios.
Junto al mar Mediterráneo, mezclada la brisa con la arena se iba construyendo la familia cristiana, y miles de luces iluminaban las conciencias. La oración construye y edifica familia.
Por otra parte, los profetas de la deconstrucción familiar nos han ido sugiriendo que el ciclo vital está lleno de opciones excitantes que incluyen vivir en una comuna sexual, formar un matrimonio de grupo o matrimonio de commuters, ser padre o madre sin formar una pareja, formar una pareja de hecho heterosexual u homosexual, constituir una pareja ‘abierta’, permitir las formaciones familiares poligámicas o poliándricas, o la opción clásica del matrimonio tradicional.
Benedicto XVI ha llegado a Valencia a potenciar la familia desde la comunidad de vida y amor. Y ésta desde la oración.