“Ampareu-mos nit i dia en totes les necessitats”
Benedicto XVI implora en valenciano protección a la Mare de Déu mientras una multitud de todos los rincones del mundo le vitorea en la plaza de la Virgen
Benedicto XVI rogó a la Mare de Déu, y en valenciano, amparo día y noche en todas las necesidades, mientras una multitud de todos los rincones del mundo le aclamaban en la plaza de la Virgen. El Pontífice vivió escenas muy emotivas en el interior de la Basílica, donde consoló a las familias de las víctimas del metro.
Eran las 13.23 horas cuando Benedicto XVI entró en la Basílica. Fuera, en una plaza de la Virgen abarrotada, las gargantas todavía conservaban la energía necesaria para aclamar al Pontífice pese a las más de tres horas de espera que soportaron los peregrinos bajo un sol de justicia.
El cántico más repetido: “Sí, sí, sí, Benedicto ya está aquí” se hacía realidad entonces más que nunca para los miles de visitantes. Los vecinos de la plaza refrescaban a los peregrinos lanzando agua desde los balcones.
La alegría del exterior contrastaba con la tristeza en el interior. En ese momento, Joseph Ratzinger, visiblemente emocionado, saludaba a los familiares de los fallecidos en la estación de Jesús mientras la multitud correspondía el gesto con aplausos a las puertas del templo. A continuación, rezó un Padrenuestro en memoria de las víctimas.
Fue una escena cargada de emotividad. Pero no iba a ser la única que aconteciera en el interior de la Basílica. Ratzinger se dirigió hacia la Virgen de los Desamparados y ante la imagen hizo una reverencia. Los gritos atronaban entonces en la calle: “Visca la Mare de Déu”. El Pontífice estaba en esos momentos absorto, prácticamente sin pestañear, contemplando la patrona de la ciudad. Más tarde le dedicaría unas palabras de elogio.
Un pequeño escenario
Y, tras firmar en el libro de honor de la Basílica, salió a la plaza de la Virgen, donde se había habilitado un escenario para el rezo del Angelus. Desde la tarima, levantó los dos brazos para saludar a los fieles y una ligera sonrisa apareció en su rostro. Al sentarse –para escuchar las palabras del arzobispo García-Gasco– extendió sus dos brazos hacia el gentío e hizo un gesto de aprecio. Luego, volvió a levantar la mano una vez más para saludar.
En ese momento la aclamación era masiva. Los gritos no cesaban. A García-Gasco no le quedó otra solución que solicitar silencio para comenzar a hablar. Y al fin lo hizo, para agradecer la visita del Santo Padre, que tras la tragedia del lunes “nos ha sido de gran consuelo con sus oraciones desde Roma y ahora con su presencia”. Recordó los orígenes cristianos de la ciudad con San Vicente Mártir y subrayó que han ido creciendo “por la intercesión maternal de la Virgen de los Desamparados”.
Ratzinger toma la palabra
Y llegó el turno más esperado. Las palabras del Santo Padre antes de rezar el Angelus. Benedicto XVI se dirigió a la multitud para explicar los actos que se habían celebrado en la Catedral y la Basílica, y saludó efusivamente a los seminaristas. A todos ellos les aseguró que la “concordia en la familia es el ambiente propicio para que se escuche la llamada divina”.
Por último, Benedicto XVI se atrevió a dirigir unas palabras en valenciano: “Ampareu-mos nit i dia en totes les necessitats, puix que sou, Verge Maria, Mare dels Desamparats”. Era un nuevo ruego ante la patrona de todos los valencianos, a la que minutos antes, dentro de la Basílica, el Pontífice señaló que le había implorado “que sostenga la fe de todos los obispos, sacerdotes y religiosos”.