mantener “vivo y vigoroso el espirítu cristiano de los españoles”. Eso es lo que ayer pidió Benedicto XVI a los obispos españoles congregados en la Catedral de Valencia.
En este encuentro, el Papa les dijo: “Sabéis que sigo de cerca y con mucho interés los acontecimientos de la Iglesia de vuestro país, de profunda raigrambre cristiana y que tanto ha aportado y está llamada a aportar al testimonio de la fe y a su difusión en muchas partes del mundo”.
Su Santidad pidió a los obispos, así como a los más de 800 sacerdotes de la diócesis y monjas de clausura de los monasterios valencianos, que sigan trabajando “con aliento” la acción pastoral, como sabe que lo están haciendo. Llamó la atención sobre la amenaza que se está viviendo “en un tiempo de una rápida secularización”.
También les instó a “seguir proclamando sin desánimo que prescindir de Dios, actuar como si no existiera o relegar la fe al ámbito meramente privado, socava la verdad del hombre e hipoteca el futuro de la cultura y de la sociedad”.
Estas palabras fueron pronunciadas después contemplar los frescos renacentistas de la cúpula, mientras sonaba música de la Capella del Ministers. Oró ante el Santisímo Cristo y visitó la capilla del Santo Cáliz, donde volvió a rezar pero, con auténtico sentimiento de fe y devoción la estuvo contemplando sin siquiera rozarla.
En la visita estuvo acompañado por el arzobispo de Valencia, Agustín García-Gasco, y por el presidnetre de la Conferencia Episcopal, Enrique Blázquez.
Todo empezó muy de mañana
Con mochilas y sacos de dormir, sofocando el calor con paraguas, sombrillas, abanicos o cualquier elemento refrescante, unos 5.000 peregrinos se fueron concentrando desde las nueve de la mañana a la plaza de la Reina.
La fachada barroca de la Catedral, también conocida como
Puerta de los Hierros
, era el punto de la primera gran cita del programa de actos del Papa Benedicto XVI.
Los componentes de la corporacion municipal fueron llegando desde las once de la mañana: pleno de los populares, dos únicas presencias socialistas, Teresa Valls y Vicente Anglada, y ninguna representación de EU.
Una gran pantalla en el centro de la plaza fue retransmitiento cada paso de Su Santidad desde Manises hasta la cancela de la Catedral que se abrió cuando el ruido de los helicópteros anunciaron la inmediata presencia del Santo Padre.
Una asiduo volteo de campanas fue dando una creciente emotividad a los asistentes ya de por sí motivados con cánticos y lemas como: “Esta es la juventud del Papa”. Pero, si bien la juventud era lo más abundante, las edades de los asistentes iban desde bebés a ancianos.
Puntualmente a la una llegaron el presidente de la Generalitat, Francisco Camps; la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, y el presidente de la Diputación, Fernando Giner. El deán y el cabildo catedralicio hicieron acto de presencia y a partir de esos momentos todo fue clamor y vítores de “Viva el Papa”.
Tras recibir una réplica la llave de la muralla medieval de la ciudad de manos de la alcaldesa, el Papa saludó a la corporación municipal, quienes reverencialmente le correspondieron, salvo los dos concejales socialistas que se limitaron a chocarle la mano.