Cientos de miles de peregrinos, llegados de los cinco continentes, tenían planeado pasar la noche bajo las estrellas para vivir hoy de cerca la llegada del Santo Padre al puente de Monteolivete, donde oficiará la esperada misa.
La jornada de ayer sirvió de refuerzo para su fe, según confesaban muchos de quienes pensaban pernoctar sobre el césped para esperar al Pontífice. José y Encarnación, un matrimonio valenciano de jubilados, no se atrevió a dormir junto a los más atrevidos, a quienes no les importó las posibles inclemencias del tiempo. “Vivimos aquí al lado, hemos llegado hacia las 17 horas y venimos muy preparados: una cómoda silla con un compartimento para el agua y un abanico para refrescarnos durante la espera”, dijo José. “No obstante, mañana volveremos a estar aquí, fieles a la cita”.
Pasar la noche al raso
Para la mayoría de los fieles que decidieron tomar cada rincón del viejo cauce la acampada fue la mejor de las opciones. “Somos un grupo de 20 personas pero sólo traemos dos tiendas de campaña con capacidad para ocho cada una de ellas. Supongo que unos cuantos tendremos que pasar la noche al raso”, dijo Gracia, una joven madrileña.
“Espero que no pasemos mucho frío durante la noche ni mucho calor mañana, durante la misa”, comentó esperanzada al tiempo que confesaba a LAS PROVINCIAS que lo que peor lleva su grupo del viaje es las escasas posibilidades para mantener un constante aseo personal. “Yo he tenido la suerte de poder ducharme en un bar cercano.
150 vecinos de Caudete (Albacete) han planteado su visita de otro modo. “No tenemos tienda de campaña, tendremos que dormir a cielo abierto pero no nos importa”, indicó un portavoz del grupo entre risas. “Llevamos con nosotros a una persona mayor, a ver dónde le metemos”, continuaron riendo. “Vamos a intentar buscar algún jardín por esta zona –dijo– señalando los alrededores de la Ciudad de la Justicia”.
El grupo volverá a tomar tras la misa de hoy sus tres autobuses para retornar a casa, hacer una siesta, ducharse y emprender el camino de vuelta a Valencia el lunes, para el encuentro de los miembros del Camino Neocatecumenal.
A la organización, ninguna pega que añadir. “Hemos viajado por Alemania y este despliegue no tiene nada que envidiar al control del que se presume allí, ¡al contrario!”, concluyeron.
Juancho y Marina han venido desde Pamplona con sus seis hijos. El viernes pasaron la noche en casa de unos hermanos que residen en Castellón, José Miguel y Elena. “Pero hoy hemos decidido quedarnos en el viejo cauce”, comentó Juancho señalando sus dominios al aire libre, junto al riachuelo en que sus pequeños mojaban los pies, antes de la llegada del Papa.
“Tenemos muy cerca los baños y el agua para adecentarnos. La verdad es que no esperábamos que todo estuviera tan bien organizado ni que los voluntarios supieran informarnos a los peregrinos absolutamente de todo”, apuntó Elena.
El cauce se vistió de colorido desde las 15 horas de ayer. Durante toda la tarde y hasta la llegada del Pontífice al puente de Monteolivete el goteo de personas fue continuo.
En pocas horas, las banderas y esterillas de todos los colores llenaron el verde espacio en un arco iris de fe. Natalia, Mireia, Raquel, Amelia, Sonia, Alberto y Ricardo pusieron su grano de arena para configurar esta estampa. Se conocieron por Internet, en un foro sobre el Encuentro horas antes del rosario nocturno en la Malvarrosa.