Calor, mucho calor. Humano y de temperatura fue lo que encontró el Papa Juan Pablo II a su llegada a Valencia. El sol escondido por las nubes toda la mañana apareció minutos antes de que el avión de Alitalia en el que viajaba el Papa aterrizara en Manises.
Un mismo objetivo, recibir y ver al Papa. Para los peregrinos fueron largas horas de espera y menos tiempo para los políticos. Al final, pasadas las 11.22 horas de la mañana tomaba pista el MD-80 en el que viajaba Benedicto XVI. No había dudas de que era el avión del Papa, dos cazas F-18 del ejército español anunciaban desde el aire su llegada. Lo habían escoltado durante toda la travesía.
Rita Barberá había cambiado el rojo por el crema. Al presidente Camps se le vio charlando amigablemente con Sonsoles Espinosa, esposa de Rodríguez Zapatero, y al conseller Juan Cotino, con el secretario de Estado de Comunicación, Fernando Moraleda.
Durante toda la ceremonia en el aeropuerto se oyeron cánticos. 2.000 peregrinos y la banda de música la Artística Manisense, que tocó el pasodoble Valencia, arroparon al Papa y también abuchearon con gritos de “fuera, fuera” y silbidos al presidente Rodríguez Zapatero al bajar del avión.