BENEDICTO XVI EN VALENCIA
Más de 250.000 fieles participaron en una emocionada oración que recordó a las víctimas mortales del siniestro del metro
Más de 250.000 fieles participaron del rosario que se celebró ayer en la Malvarrosa. La oración sirvió de emotivo homenaje a las víctimas del accidente de metro a tan sólo unas horas de la llegada de Benedicto XVI a la ciudad. El rezo comenzó con media hora de retraso para asegurar la asistencia de todas las personalidades.
Por primera vez en la historia y con la presencia de 250.000 personas. El Rosario Nocturno en homenaje a Benedicto XVI no decepcionó a los miles de fieles que se acercaron ayer hasta la playa de la Malvarrosa para presenciar un acto único jamás visto en los Encuentros Mundiales de las Familias celebrados hasta ahora.
La emoción de la noche estuvo marcada por un inevitable y sentido recuerdo a las 42 personas que perdieron la vida el pasado lunes en el metro de la ciudad. Los peregrinos se anticiparon sus rezos por los fallecidos y sus familiares a los que el Pontífice realizará en la estación de Jesús. La primera parada después de su llegada a Valencia.
Tres horas antes del comienzo de la representación del rosario, la playa de la Malvarrosa comenzaba a llenarse de espectadores procedentes de diferentes puntos de España y de centroamérica principalmente, que entonaban cánticos populares con letras versionadas en homenaje a la esperada visita del Santo Padre.
Cada centímetro de arena fue llenándose de peregrinos que, provistos de la mochila con los colores de la bandera vaticana, se sentaban en corro y con sus manos enlazadas. La escena podría convertirse fácilmente en un hito más que pasará a los anales de la historia valenciana.
Los más de 250.000 espectadores procedentes de los más dispares rincones del planeta, de todas las edades dispares y profesiones imaginables compartían la misma noche un mismo sentir: vivir la visita del Papa con la mayor de las intensidades, como uno de los eventos que marcarán la historia y sus vidas.
Miles de velas iluminan la playa
La solemne respresentación del rosario comenzó con la llegada de la imagen de la Buena Guía, los cánticos de la Escolanía de la Virgen y con un acto de contricción conjunto realizado al unísono por todos los asistentes.
Con media hora de retraso, hacia las 23 horas, para asegurar la presencia de todas las autoridades y los demás participantes de la clausura del Congreso Teológico Pastoral, 40 niños de los altares de San Vicente, Amics del Corpus y las comisiones falleras dieron inicio a la representación de los misterios.
Los pequeños escenificaron la encarnación de Jesús que fue seguido con especial atentamente por todos los espectadores que portaban un cirio y un rosario en cada mano. Mientras los niños, de entre 7 y 14 años, transportaban a los fieles hasta la ciudad de Galilea, la playa seguía recibiendo la visita inagotable de fieles.
La tenue y emotiva iluminación de la noche se logró gracias a las 50.000 velas que la organización distribuyó a lo largo de la tarde de ayer, aunque no lo logró con la rapidez prevista. “Está costando venderlas porque, aunque iban a ser gratuitas, cuestan un euro como donativo. Aún así la gente se queja”, afirmó ayer un portavoz de la organización.
Uno de los momentos más emotivos llegó cuando las más de 250.000 voces se aunaron en un susurro rezando el Padrenuestro y 10 Avemarías. Un cántico celestial que erizó el vello de los asistentes y provocó las lágrimas en algunos.
“No pensé que iba a ser tan bonito y emocionante”, dijo Amparo, una valenciana acompañada por su familia andaluza.
El segundo de los misterios fue el nacimiento de Jesús en el portal de Belén. Los pequeños interpretaron una de las escenas más entrañables para los fieles. La representación continuó con la escenificación de Jesús perdido y hallado en el templo. Las bodas de Caná y María en el pie de la Cruz fueron los dos últimos. Esta fue la primera vez que en un rosario se representan los cinco misterios.
Más cerca de Benedicto XVI
Los miles de espectadores pronunciaron emocionados las letanías a la Virgen, arropados por el sonido de las olas. “Es algo histórico, nunca lo olvidaré”, comentó José, un jubilado que desde las cinco de la tarde cogió posiciones junto al escenario del primer misterio. “Ya era hora que la playa se utilizara para otro tipo de actos lúdicos que no acaben en borrachera”, aseguró ayer Javier, un joven vecinos de Torrent.
El acto se prolongó hasta pasada la media noche. Con sus rezos llegaba así el día que los cientos de miles de peregrinos ansiaban. En pocas horas Benedicto XVI pisaría Valencia.
Tras la representación del Rosario Nocturno, los peregrinos emprendieron el viaje de regreso, dejando la playa atrás. Pocas horas después comenzaría la inolvidable cita con el Santo Padre, en su primera visita a España.