En la playa caben todo tipo de hábitos: hábitos saludables, hábitos de alto riesgo o hábitos de toda la vida. Menos “hábitos” sin más, esos de tela de esparto para mortificarse a 38 grados bajo la sombrilla sin mover un músculo, la playa permite casi todo. Así lo han entendido los señores diputados de la Comisión de Medioambiente del Congreso que, en lugar de prohibir fumar en la playa como había propuesto CiU, han recomendado el fomento de hábitos saludables.
Lo difícil es definir “hábito saludable” en la playa. En principio se entiende por “saludable” lo que hacen esos que andan por la arena a ritmo frenético, como si se fueran a llevar Mallorca los alemanes camino del Rhin y hubiera que llegar a tiempo. Sinceramente el estrés por competir con todas las parejas saludables de la playa no compensa la bondad de la costumbre.
Otros saludables andan dejando que el agua golpee sus espinillas pero en cuanto pueden se van dejando mecer por las olas y acaban fuera: antes achicharrado que con doble gemelo en las piernas –por delante y por detrás- de tanto ejercitar la espinilla.
Los supersaludables llevan la nevera llena de productos bio, galletas bio, yogures bio, agua bio y cremas bio. Y la naturaleza, que es sabia, algún día los convertirá en bio-degradados como a todo hijo del colesterol.
Después están los hábitos aparentemente nada saludables, esto es, tumbarse a la bartola –a veces incluso, tirársela-, tomarse una cervecita fría 100% alcohol con su tortillita de patata y cebolla, ajoaceite, embutido rico en triglicéridos –para qué andar regateando con los lípidos a nuestra edad-, pimientito frito, heladito después “para que baje” y una siesta de dos horas y media.
Se me podrá reprochar que eso de saludable tiene lo que yo de modelo de Chanel pero todo depende de cómo se mire: la salud en verano no es solo la protección 15 de los rayos uva y mantenerse en ese bikini imposible que compramos una aciaga tarde de mayo recién salidas del endocrino jurando y perjurando que íbamos a ser obedientes “esta-vez-sí”. Salud también es -y ahí están los compañeros del suplemento Salus para confirmarlo- armonía, bienestar, alegría de vivir. Y eso, quién puede decir que no, con una sesión de “tumboning” y lípidos de cuando en cuando se llega a lograr. Seguro que nos regala años. Pruébenlo.