Si no fuera porque un “ratolí” haciendo de animal-pancarta solo sería accesible a miopes, diríase que el empeño del Ayuntamiento por fumigar la zona del altar donde celebrará Benedicto XVI para acabar con ratas y cucharachas es más que una guerra bacteriológica: es el modo de acabar con la campaña del “Jo no t’espere”.
Desconozco si los promotores cuentan con la posibilidad de patrocinar al ratoncito Pérez y la ratita presumida para que correteen a los pies de los ilustres invitados que asistirán a la misa más multitudinaria y calurosa de la Valencia contemporánea. Pero no hay que descartar la posibilidad de que enseñen a las cucarachas a bailar cierta conga obscena con tal de escandalizar al personal, que es de lo que se trata. Por otra parte, si lo que quieren es hacer un cartel gigante a modo de campo de fútbol con un “Jo no t’espere”, tendrían que enfundar a cada ratoncito una camiseta de color distinto para componer la frase y, lo que es peor, adiestrarles para hacer la ola. Total, demasiado trabajo solo para hacer el show ante las cámaras de la BBC, que de eso también se trata.
Es algo así como lo que hicieron aquellos proetarras que se vistieron de mascota para pedir la liberación de los presos vascos en una ceremonia de ese tipo. Solo que en este caso, como somos tan protectores del medio ambiente –primero con Blasco y ahora con González Pons- utilizamos las virtudes de los animalejos autóctonos para demostrar nuestra pasión por la naturaleza. Y no ponemos cercetas pardillas, esas tan protegidas por el conseller anterior, por si es explotación del débil.
De cualquier forma, aún en el supuesto de conseguir llamar la atención con las pancartas, la protesta y hasta algún imponderable sumado a la lista de sus logros, solo obtendrían un mérito: ser la anécdota de la jornada, no lo esencial. Porque lo esencial, de cualquier iniciativa, es el contenido que le da razón, no el elemento discrepante que solo pone una nota de color.
Lo esencial, por muchos que sean y muy numerosos que resulten, son los cientos de miles que vendrán a Valencia desde cualquier rincón. ¿Que algunos no esperan al Papa? Tampoco otros esperamos a los hooligans que dejan perdida la ciudad o a los turistas irresponsables que en Fallas hacen que algunos hubiéramos preferido que no vinieran.