cuando don Jorge Gisbert, ingeniero de caminos, máster en Economía y Gestión, aficionado a la agricultura doméstica y hombre de gustos auténticos tal y como lo prueba su amor por los bocatas al aire libre de La Pérgola, allá en La Alameda, sustituyó a don Fernando Huet al frente del Consorcio Valencia para la Copa América, recibió una importante y súbita pedrada por parte del ministro Sevilla que, por lo menos a mí, logró chocarme. No sólo eso, les confieso que yo jamás me habría fijado en el señor Gisbert, la verdad, pero cuando constaté esa especie de agresión a lo bestia, “Gisbert no tiene visión comercial para dirigir el Consorcio tras 2007”, dijo el ministro no sabemos si en un repentino calentón fruto de la cólera, automáticamente pensé que merecería la pena indagar un poco en la estampa de Jorge Gisbert porque cuando alguien del poder desenfunda su lengua de esa manera tan biliosa, atacando en plan irracional y por la espalda, es que esa persona debe sin duda poseer un interés jugosón.
¿Y qué sabrá el ministro Sevilla acerca de la visión comercial de Jorge Gisbert? ¿Y por qué esa descalificación tan categórica y rotunda? ¿Acaso el ministro esconde un lado nigromante y consulta una bola de cristal que le susurra al oído quién tiene y quién no visión comercial? Ah, misterio. Con sinceridad, yo desconozco la capacidad, el olfato o el talento comercial del señor Gisbert para dirigir el Consorcio cuando la competición de la vela acabe y convenga reciclar de oportuna vidilla todo el tinglado montado, pero, intuyo desde la humildad, lo que no conviene es juzgar a la gente con tanta anticipación. Se juzga con los resultados, no con las hipótesis futuribles, las percepciones extrasensoriales, los arrebatos tarotistas o las adivinaciones anticipadas. Claro que, vaya, mira por donde, desde varias fuentes me aseguran que un rasgo que se ajusta a la personalidad de Jorge Gisbert es su independencia total e incluso radical.
Independiente
Políticamente, pese a quien le pese, Gisbert es independiente y no se casa con nadie, y la independencia, en este bendito país, a veces se paga cara, que se lo digan al difunto Baroja, que en la Guerra Civil lo querían fusilar los republicanos y los nacionales, con lo cual deducimos que Baroja, claro, estaba en lo cierto, o sea denunciando la barbarie viniese de donde viniese. Entiendo, pues, conociendo como las gastan en este aspecto los partidos políticos, en especial en la familia socialista que creció con las consignas de Alfonso Guerra tipo: “El que se mueve no sale en la foto”, que al ministro Sevilla no le apetezca ni un pelo que un puesto tan relevante esté ocupado por un gestor cuyo propósito consiste en realizar bien su trabajo, no en lamer el culo del mandamás de turno. Ya nos vamos aclarando, oye.
De todas formas, como uno consulta tanto las buenas lenguas como las malas lenguas e incluso las lenguas bífidas de los crótalos, en el lado de los reticentes me chivan que Jorge Gisbert es un tanto “extraño” porque no le gusta “trabajar en equipo” y se muestra “individualista”. He aquí otra ración de pecados difícilmente perdonables por los mediocres habituales, sin embargo, si estos matices son ciertos, uno todavía siente mayor simpatía por este hombre, a quien por cierto no conozco. ¿Extraño? Ya empezamos... ¿Qué es ser extraño? Mucha gente me considera extraño porque no encuentro problemas para disfrutar con la prosa de Stendhal y con la música de Elvis Presley.
Ser
Lo de ser extraño me parece muy relativo, por ejemplo, a uno se le antoja cantidad de extraña la peña que disfruta viendo
Mira quién baila
, eso sí lo considero extraño, pero tampoco les voy a censurar por eso. Y además, entre lo extraño y lo vulgar, uno opta por lo primero pues ahí existe mayor dosis de emoción y novedad. En cuanto a lo de no saber, presuntamente, trabajar en equipo y desplegar esas gotas de individualismo, tampoco le pongo ninguna objeción. He currado con muchos equipos y a veces, bajo esa apariencia familiar se agazapaba la grisura y la inutilidad más rampante. El individualista toma decisiones, para bien o para mal, pero no dispersa las energías contentando a unos y a otros. Desconfiamos de los individualistas porque son los que tiran del carro huyendo de la masa, del agotador punto gregario, pero nada más. Ah! Recordemos que Gisbert no es un recién llegado desde el limbo de la ignorancia, sino que ha estado junto a Fernando Huet durante todo el desarrollo de las obras, incluso podríamos apuntar que, como en todos los buenos dúos de las pelis de serie negra, Fernando interpretaba el papel de poli bueno y Jorge el de poli malo.
Pero no sólo soportó don Jorge el espadazo verbal del ministro, breve tiempo después estalló el triste asunto del arquitecto Chipperfield, otro al que la boquita le jugó una mala pasada al calificar de “porquería” los materiales del edificio emblemático Veles i Vents. Coño, pues eligió él los ladrillos, y aunque quizá hubo un error en la traducción o un malentendido carajillero, a uno le fastidian esos tipos que se desmelenan, qué curioso, cuando el cheque de sus elevados honorarios palpita en la cartera. No importa, la Copa América, pese al desprecio de La Primera de Televisión Española, y si desde luego les han amochado ocho millones de euros aquí sí han errado en la visión comercial, que diría el ministro, está siendo un verdadero éxito y nadie duda de que el perfil del puerto ha cambiado para mejor, para mucho mejor.
Los valencianos están encantados con esta metamorfosis (me lo dicen los oyentes de la radio) y las zancadillas desde el Gobierno central se sortearán gracias a la buena disposición de personas como Jorge Gisbert, ese hombre austero, discreto, preparado técnicamente y con pinta de elegante y remacho cantante mejicano de rancheras románticas. Eso sí, como este ministro u otro poder político le vuelvan a tocar las narices, imagino que será él mismo el que se largue cuando la regata finalice su aventura para poder deglutir en paz sus bocatas allá en La Pérgola. No necesita el cargo ni por la pela ni por cuestiones de vanidad.
Y, a todo esto, ¿montar una mercería en Soria equivale a poseer el don de la visión comercial o no, querido ministro Jordi Sevilla? He juntado unos ahorros con unos colegas y nos lo estamos planteando, y como usted se supone que destripa el futuro comercial me interesa conocer su opinión... Sí ... En Soria,... una mercería fina, eh, que conste, con botones de nácar y tal...