lasprovincias.es
Domingo, 25 de junio de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ACTUALIDAD ECONOMÍA DEPORTES OCIO SERVICIOS LP PUNTO RADIO LP TEVA CENTRO COMERCIAL
LO + BUSCADO

-Radares

-SMS gratis
-Ofertas de viaje
-Nokia 6660
-Pilates
-Vehículos km 0
-Mundial fútbol
-Empleo Valencia
-Balnearios
-Motor Valencia
-Venta de pisos
-Horóscopo
-Callejero
-Vuelos baratos
-Ocio, recetas, chat, postales...
::PUBLICIDAD







¡Te vas a enamorar!

Da tu el primer paso; regístrate y encuentra tu alma gemela. Inscripción gratuita.

EDICIÓN IMPRESA
Valencia
dios en la diana
De cómo la cultura occidental ataca a la Iglesia católica
La fortaleza de la Iglesia está curtida en mil batallas. Es el blanco perfecto de la literatura, del teatro, del cine y del humor. En cualquier rincón del planeta, incluida la Comunitat, los dardos contra Dios son incesantes, aunque no logran que los cimientos religiosos se tambaleen.
la peña El Bequelló de Vila-real no tiene nada que envidiar a Dan Brown y la polémica que ha desatado con su exitoso y ahora taquillero enigma. Los primeros entendieron el código y dieron un paso más: en la cabalgata de Vila-real, celebrada hace un mes, se disfrazaron de monjas, de cardenales y de Papa. No habría pasado nada extraordinario, si los integrantes no hubieran simulado una felación y una sodomización. El espectáculo se escenificó delante de niños y próximo a la antigua capilla de la Sangre.

Así se sirvió la controversia en las fiestas de Sant Pasqual en Vila-real. El clero castellonense censuró dicha actitud. La peña se disculpó y públicamente pidió perdón. Algo que ni ha hecho ni parece pasársele por la cabeza al autor de El Código Da Vinci .

La película se expone en medio mundo donde sigue cosechando enemigos entre el Opus Dei, el Vaticano, la Iglesia católica... No se ha retirado de las pantallas ni se ha prohibido su exhibición. No sucedió lo mismo en 1978 con La portentosa vida del pare Vicent , de Carles Mira. No se estrenó en Valencia, que fue la única provincia española que no difundió el largo protagonizado por Albert Boadella. Sólo se pudo ver de forma semiclandestina en el extinto cine Museo. En el filme se hacía mofa de los milagros de San Vicente y de su figura.

La lista de agravios a la religión es larguísima. El cartel de la última edición del festival Observatori de Valencia, donde se identificaban los brazos de un Cristo en la cruz, se modificó para retirar la referencia religiosa y evitar dañar sensibilidades. No ha sucedido así en Roma, donde autobuses turísticos teñidos de publicidad de El Código circulan por las cercanías de la plaza de San Pedro del Vaticano y las marquesinas publicitan el filme censurado por los miembros de la Iglesia.

Los ataques no tienen fin. En Xátiva y Bocairent el actor Xavi Castillo no pudo parodiar al anterior Papa por orden del alcalde. Tampoco hace falta explicar por qué en las últimas Fallas un consolador se transformó en cirio en manos de un trío de monjas de cartón que iba a quemarse como cualquier ninot que se precie.

¿Enfrentamiento?
¿Viven hoy más enfrentados que en otras épocas el mundo de la creación y el espectáculo y la Iglesia católica? ¿Se está produciendo algo similar a lo que sucede en el ámbito islámico y las cada vez más frecuentes reacciones contra todo aquello que entienden como un ataque a su fe?

Pese a la multiplicación de noticias sobre obras muy críticas con la Iglesia acogidas con boicots y protestas, éste no es un tiempo que registre un especial enfrentamiento en ese campo. “Vivimos en un mundo en que todo viaja a la velocidad de la luz y todo tiene un eco mayor. Quizá estos días se hable más de ello por las reacciones tras El código Da Vinci, pero es algo coyuntural”, asegura Juan Gómez-Jurado, autor de Espía de Dios, una novela que ha sido criticada con singular dureza en una cadena de emisoras vinculada a la Iglesia. Gómez-Jurado, que se confiesa católico practicante, asegura que no ha escrito su novela con ánimo destructivo, “sino con el convencimiento de que ocultando realidades no vamos a ninguna parte. Fue Jesucristo quien dijo la verdad os hará libres”.

Su novela aborda el problema de la pederastia entre los curas, materia que también aparece de forma explícita en La mala educación , el filme de Almodóvar que fue objeto de las iras de grupos ultras en algunos países, como Francia.

“Yo no veo que haya más casos ahora que antes, lo que sucede es que se soliviantan con más facilidad los sectores más conservadores”, sostiene José María Mardones, investigador del Instituto de Filosofía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). El filósofo, de inequívoco pensamiento católico, sostiene que quienes reaccionan con dureza, e in cluso a veces de forma violenta, ante filmes como La última tentación de Cristo son unos pocos grupos ultraconservadores y luego, “lastimosamente, entra al trapo algún monseñor y termina por dar más publicidad”.

Mardones recomienda guardar silencio “si algo no gusta”, pero la Iglesia tiende a no callar ante algunas manifestaciones propias del mundo de la cultura o el espectáculo que hace unas décadas habrían resultado impensables. La imagen de una joven desnuda que representa a la Virgen, en un retrato de Alberto Magliozzi; un fotocollage que muestra a la Virgen de Guadalupe, pero cubierta sólo con un biquini de flores (se expuso en un museo de México); la representación de un Sagrado Corazón que sostiene un condón en su mano, son imágenes que pueden compararse con las caricaturas de Mahoma publicadas en Dinamarca. ¿Algunos grupos elevan el tono a semejanza del mundo islámico?

“Radicales ha habido siempre, pero ahora sus protestas tienen más eco, de la misma forma que lo tienen las críticas a la Iglesia”, dice Gómez-Jurado.

La existencia de nuevos medios de difusión masiva juega también su papel. El Decamerón o Madame Bovary son sólo dos de los 8.000 títulos que llegaron a estar en el Índice de Libros Prohibidos, pero hasta el siglo XX el número de personas que sabían leer era muy bajo. Ahora el cine llega a todos, y de ahí que sea el medio donde hay más espacio para la polémica: L’amore. Il miracolo de Rossellini causó un gran escándalo en una Europa que se lamía las heridas de la II Guerra Mundial.

La vida de Brian fue considerada blasfema en EE.UU.; Juan Pablo II condenó expresamente Yo te saludo, María ; La última tentación de Cristo sufrió boicots de grupos integristas; Sacerdote levantó gran escándalo al abordar la homosexualidad en los curas; Amén disgustó profundamente al Vaticano por la imagen de su cartel publicitario, en la que se fundían una cruz y la esvástica nazi; algo parecido ocurrió con El caso Larry Flint y aún sin estrenar la película de Ray Loriga sobre Santa Teresa ya ha sido objeto de críticas por parte de algunos obispos por lo que entienden que es una imagen demasiado sexy de la mística abulense.

Efecto multiplicador
Parece evidente que la condena de un obispo o de un grupo ultra (el efecto se multiplica si es alguien importante en la jerarquía vaticana el encargado de anatemizar un espectáculo o una novela) es una magnífica publicidad por más que a corto plazo cause algún trastorno a sus autores. Es el caso de Bassi, obligado a cancelar algunas funciones.

Lo que sucede normalmente es que el simple anuncio de la crítica eclesial dispara el interés por un trabajo que podía haber pasado inadvertido para el gran público. Sucedió hace unos años con un libro titulado Lo que el viento se llevó en el Vaticano , firmado I Millenari. El texto, crítico con la jerarquía vaticana, languidecía en las librerías y su primera edición parecía destinada a acumular polvo en los anaqueles, hasta que la Secretaría de Estado vaticana se refirió a él con dureza.

La publicidad, a veces, se extiende más allá de la obra denunciada. Javier Sierra, autor de La cena secreta , sabe lo que es recibir críticas del ámbito religioso. “En EE. UU. es importante que hablen de ti, porque, si no, no eres nadie. Además de Dan Brown, ha habido otro ganador en la polémica: el Opus Dei, del que todo el mundo sabe qué es”. Sierra se refiere al hecho de que dirigentes de ese grupo religioso hayan sido entrevistados en medios estadounidenses que nunca les habían prestado atención y que Camino sea objeto de una gran edición a cargo del mismo sello que publicó a El Código . ¿Quién ha ganado más con todo esto? se plantea con ironía.

findes@lasprovincias.es