Cuando explicas de nuevo lo que puede derivarse, en contra de los intereses agrarios, de la aplicación de la Ley del Suelo que pretende establecer el Gobierno, si es que se acaba aprobando en los términos del actual anteproyecto, sencillamente no se lo cree casi nadie. ¿Cómo va a ser posible –te dicen– que en los tiempos modernos que corren se diera tan manifiesto paso atrás y pretendan abaratar de forma notable los precios de expropiación de los terrenos agrícolas?
Pues por eso, porque estamos en tiempos modernos y determinados poderes fácticos han ganado la partida al establecer en la actual sociedad, moderna y urbanita, la convicción de que la vivienda está cara por culpa de la especulación inmobiliaria. Y además hay en marcha una vasta e inteligente campaña que se encarga de identificar ante la opinión pública que el culpable mayoritario es el agricultor, el dueño del suelo. Total, por un patatal cualquiera que ya le tenía arruinado y que va y, encima, pretende cobrarlo.
No se lo pierdan. Si a un agricultor le compran a 10 y vende, es un especulador que no tiene derecho a nada. Si el que compra a 10 lo revende al poco por 50, es un gran empresario e inversor que tiene una gran inteligencia para ganar dinero y desarrollar proyectos urbanísticos que la ciudad necesita, y cuando éste revende en pocos meses a 100, quien compra es un promotor reconocido y envidiado que genera mucha riqueza. Pero el sistema se encarga de dejar claro que quien ha encarecido es el que, empujado por todos, vendió a 10 lo que fue suyo y de su familia, generación tras generación.
Ahora pretenden que, si puede ser, en vez de 10 cobre un nivel mucho más bajo, y para ello se utiliza en el texto del anteproyecto de ley el concepto de la función social de la propiedad; de la propiedad de los demás, claro, que la bicicleta es mía.
AVA ha desvelado que un ponente de este texto legal ya adelantó en un curso de la Politécnica que se va a un nuevo concepto de urbanismo en el que la iniciativa privada es residual y todo queda en manos de la iniciativa pública y que hay sectores claramente favorecidos. Son los adjudicatarios de obra pública. Y las masas de perjudicados, sin enterarse, incrédulos, totalmente en Babia.
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