El pasado día 13 de junio se celebró el acto de entrega de la segunda edición de los Premios Pepe Miquel del Cooperativismo Valenciano, otorgados por la Confederación de Cooperativas de la Comunidad Valenciana, y que se convocan en dos modalidades: el premio al mejor trabajo periodístico y el premio a la trayectoria cooperativa. Por razones obvias, esta segunda modalidad es la que tiene un mayor peso específico dentro de la convocatoria, porque se está reconociendo, no el trabajo de un año, sino la labor de toda una vida dedicada al cooperativismo. Este año, se hizo entrega del Premio Pepe Miquel a uno de esos hombres que marcan un punto de referencia obligado en la historia del cooperativismo de los últimos treinta años; un hombre que ama las cooperativas, y que siempre ha puesto los intereses colectivos que éstas representan por delante de otros intereses personales y profesionales: Luis Font de Mora Montesinos.
Un breve repaso por la biografía de Font de Mora nos presenta una figura profundamente comprometida con la democracia que, a mediados de los años setenta, coincidiendo con un período de gran efervescencia de los movimientos cívicos democráticos, fue portavoz de la Taula de Forces Polítiques i Sindicals y, ya en el ámbito cooperativo, accedió a la presidencia de la Unión Territorial de Cooperativas del Campo de Valencia (Uteco-Valencia). Su llegada a Uteco-Valencia supuso –según testimonio unánime de quienes lo recuerdan– “una auténtica revolución”: con él, el asociacionismo cooperativo agrario inauguraba una nueva etapa plenamente democrática, y asumía un proyecto basado en el acercamiento a las bases, haciendo que el cooperativismo tomara conciencia de su importancia y participara en calidad de protagonista de iniciativas y acontecimientos históricos, como la concentración -acabada en manifestación- que los agricultores celebraron el 10 de septiembre de 1976 en el Paseo de la Alameda de Valencia, la primera de toda su historia. Y lo más importante, en un momento social y políticamente tan delicado como fue aquel período, Luis Font de Mora diseñó un proyecto en el que tuvieron cabida todas las facciones ideológicas, puesto que él ha sido siempre un vehemente defensor del diálogo político y de la integración de voluntades a favor de un movimiento en el que mantiene una inquebrantable fe: el cooperativismo.
Luis Font de Mora fue también diputado de las Cortes Valencianas durante sus tres primeras legislaturas. Y, entre 1983 y 1993, fue Conseller de Agricultura, Pesca y Alimentación de la Generalitat Valenciana, cargo que le dio su mayor protagonismo en la esfera pública. Su paso por la Conselleria de Agricultura escribió uno de los capítulos más sobresalientes del desarrollo del cooperativismo en esta Comunidad: fue una década indiscutiblemente fértil, llena de avances importantes y con innumerables ejemplos de colaboración y entendimiento entre la Administración pública y las cooperativas agrarias. En aquellos años, se creó Agriconsa; se produjo la consolidación de Anecoop como la primera empresa exportadora del sector agroalimentario en España; hubo una importante modernización de las instalaciones de bodegas, almazaras y -en general- de todas las cooperativas agrarias; se iniciaron procesos de integración y se constituyeron varios consorcios de cooperativas; se creó la Confederación de Cooperativas Agrarias de España… y un largo etcétera.
El Premio Pepe Miquel viene a recordar que Luis Font de Mora ha sido -y sigue siendo- un estímulo constante para el cooperativismo. A través de varios libros, cientos de escritos, informes, conferencias, y más de tres mil artículos publicados en prensa, ha mantenido una continua invitación a reflexionar sobre el pasado, el presente y el futuro del campo valenciano y de la agricultura mediterránea en general. Con este reconocimiento, la Confederación de Cooperativas de la Comunidad Valenciana rinde homenaje a un hombre que, no sólo ha hablado muchas veces a las cooperativas y de las cooperativas, sino que ha sabido escucharlas y, sobre todo, ha sabido comprenderlas.
Él, agradecido y modesto, ha declarado alguna vez que les “debe muchísimo a las cooperativas”. Dice que “ha sido mitificado”, y no duda en afirmar que “la agricultura es una forma de vida” y que “por eso, tiene una vocación de permanencia, de superar generaciones.” Con este premio, varias de esas generaciones le han agradecido, una vez más, la humildad, la generosidad y el ímpetu con el que siempre se ha dirigido a las cooperativas.