Su fútbol nunca enamorará a los puristas del toque, pero que Alemania siempre será una superpotencia que se merece entrar en todas las quinielas de favoritos no lo puede dudar nadie. Esté como esté, es fiel a un estilo. El tricampeón del mundo disipó cualquier incertidumbre sobre su candidatura con una exhibición de convicción, fortaleza, potencia y pegada ante una asustadiza Suecia que firmó en Múnich la rendición de Baviera. La anfitriona es la primera selección que accede a cuartos de final. Y lo hace con cuatro victorias, diez goles a favor y dos en contra. El rodillo sólo necesitó 12 minutos para aplastar a los escandinavos.
En un arranque espectacular, los teutones rompieron por todos los lados. Ni los nervios de jugar en casa, ni el agobio del favorito, ni el peso de la historia. Eso son tópicos que no van con gente tan pragmática. Salieron decididos a merendarse al rival.
Conexión letal
Ahí, frente a alguno de estos adversarios con un estilo opuesto, es donde habrá que calibrar mejor a un equipo con un gran lateral zurdo, Lahm, un Ballack en progresión que busca el gol desde todos los lados, dos extremos notables como Schneider, ya veterano, y Schweinsteiger, de enorme proyección, y una pareja de ataque letal. Klose y Podolski, tanto monta monta tanto, se compenetran a la perfección. Y tienen veneno. Esta vez fue el delantero del Colonia, ya fichado por el Bayern de Múnich y pretendido en su momento por el Real Madrid, el que anotó dos goles que acabaron el partido en un visto y no visto.
Verles calentar ya demuestra que los alemanes no se andan con zarandajas. Pocos ronditos y un sinfín de lanzamientos a puerta. No regalan a la vista ni una sutileza, pero amigo, están obsesionados con la portería contraria. O meten un balón a la cazuela y saltan como posesos, o se llevan el rechace, o presionan de forma atosigante, o buscan la sorpresa por banda. Sobre todo, intentan una y mil veces el disparo lejano a puerta. Es un recurso de toda la vida, muy en desuso en España, sin ir más lejos, pero que estos germanos emplean a lo bestia.
Fiel a su idiosincrasia, con unos rasgos definidos de toda la vida que distinguen hasta los no iniciados, Alemania siempre es Alemania. Unos son mejores que otros pero todos tiran para adelante y juegan en quinta marcha. Y el que responde siempre a una idea tiene mucho avanzado en un fútbol donde priman la especulación, el miedo y la inconcrección.
Sólo la defensa, cogida con alfileres, con dos centrales poco consistentes e incapaces de sacarla jugada, y un lateral derecho menor, ofrece síntomas de flaqueza. Con 2-0 y todo resuelto, sobró quizá la rigurosa expulsión de Lucic. Compensó luego el juez brasileño al pitar un inexistente penalti sobre Larsson, que el azulgrana lanzó a las nubes. Alemania aún no ha jugado contra ningún rival de postín, pero los teutones van a más. Que nadie les descarte. Sería muy osado.