El Levante no tendrá equipo en Segunda el año que viene. Tras el ascenso del primer equipo, el filial se quedó con las ganas de certificar la remontada. Un más que dudoso penalti señalado por el árbitro asistente evitó la machada azulgrana y provocó un enorme cabreo entre los dirigentes y los aficionados locales.
Y eso que todo empezó muy bien. El Levante tardó seis minutos en quitarse la presión y que Yago mostrara su peligro. Segundos después llegó el corner olímpico sacado por Limones que empujaba el delantero a la red, abriendo la puerta al ascenso. El Levante lo tenía todo para empatar la eliminatoria y empezaron a llegar las ocasiones, a la vez que la polémica arbitral.
La primera decisión contraria llegó cuando Gaizka Saizar fue derribado en el área, provocando un monumental cabreo en el banquillo. El balón rondaba la portería de Lampón y el Vecindario comenzó a ser rácano. Abusó de esa regla no escrita del fútbol que dice que cuando un jugador está en el suelo, hay que tirar el balón fuera. Los canarios caían como churros, mientras el Ciudad de Valencia se calentaba.
La reanudación sirvió para encender más el partido. El primero en recibir una falta dura fue Yago, a los tres minutos, para que en el cinco llegara la polémica del partido. Roberto Álvarez progresaba hasta llegar a un metro del área y Juanra le derribó. Lejos de allí, el árbitro corría para indicar falta. Tras el suspiro en la grada, volvió a pitar, pero en esta ocasión señaló la pena máxima. Así se lo indicó el asistente.
“Ya veníamos escaldados con el Vecindario. En la primera parte el árbitro ya no nos pitó el penalti de Saizar y luego nos señaló uno que no era”, manifestó el técnico local, José Ángel Moreno. El postrero gol del levantinista Aaron sólo sirvió para ganar el partido, pero que al final de nada sirvió.