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Sábado, 24 de junio de 2006
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C. VALENCIANA
la torrà
Orgullo ‘Ché’
La Generalitat y el Ayuntamiento de Valencia se han propuesto potenciar la capital del “Cup i Casal” con una nueva marca: “Vive Valencia”. Para ser exactos el “Vive” de la frase tiene las uves convertidas en corazones: i e, pero la cuestión no es tanto la presentación, en naranja y poco original, y ni tan siquiera el precio de la cosa en proporción a su necesidad. Ya desisto de preguntarme cosas banales. Que lo haga Rubio mientras “los mayores” hablan de lo suyo.

Lo que me ha entusiasmado desde el principio es que Rita & Rambla, Fomento de Promociones y Contratas, hayan decidido estimular la autoestima de los valencianos. Es decir, que nos sintamos orgullosos de pertenecer a esta ciudad y que lo proclamemos saliendo del armario regional. O sea, que tengamos nuestro Orgullo “Ché”.

La verdad es que yo nunca he tenido problemas de complejos valencianos, muy al contrario. Y conste que esta frase no la patrocina el Excelentísimo Ayuntamiento... aunque no veo impedimento para que así fuera. Ni siquiera me siento mal cuando me cruzo con esos bichos rojos que pululan por las aceras de Valencia y que dice perseguir mi compañero de papel prensa Carlos Pajuelo (te sienta bien el “Eau d’azufre”, querido).

Es cierto que Valencia es mejorable y no seré yo quien lo niegue en esta columna que se dedica, entre otras cosas, a recordarlo, pero no sé..., ¿cómo decirlo...? Valencia es una ciudad que apetece. Será porque llevo el “orgullo” hasta en el vocabulario y a cada “che” que pronuncio me preguntan: “¿sos argentina vos?”. Será porque la echo de menos cuando no estoy allí. Será porque me viene a las mientes la magnificencia de Calatrava en cada impuesto de Circulación o de Bienes Inmuebles que tan estupendos me resultarían transferidos a un par de bolsos o de zapatos.

Será porque preferiría que no fuera tan kitsch en algunos momentos pero me reconcilio con ella cuando, por encima de todo su barroquismo y su aderezo, nace el genio, ése que no sabemos llevar a gala porque durante décadas nos han reprochado que siendo de Valencia o es fruto de un regionalismo ilusamente feliz o de un catalanismo acomplejado que solo produce clones de serie B.

Valencia no deslumbra como París o Roma. Valencia es una ciudad para vivir. Posiblemente, lo mejor que se puede decir de una ciudad.



 

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