Lucía García estaba ayer a caballo entre el tanatorio y la comisaría. A su hijo fallecido no podía velarlo, pues en ese momento se le practicaba la autopsia. El otro estaba siendo interrogado por la policía.
“Mi niño era muy bueno, pero estaba enganchado a la droga y no podía trabajar”, explicó García. La mujer conocía las andanzas delictivas de su hijo, pero las justificó por su “invalidez para trabajar” y su adicción a los estupefacientes.
La madre aseguró que su hijo José, padre de dos hijas de 9 y 5 años, “tenía una pierna llena de úlceras, con varios tornillos, lo que le impedía trabajar”. Según ella, su estado de invalidez desembocó en una depresión que, a su vez, le abocó al consumo de drogas. “Si mi hijo robaba es porque no podía hacer otra cosa”, destacó la progenitora con contundencia.
Otros familiares del fallecido descargaron su rabia contra los vigilantes de seguridad: “Se han tomado la justicia por su mano. No hay derecho a que esto ocurra, aunque hayan robado”, fueron algunos de sus comentarios.
“Si los vigilantes no hubieran disparado a lo mejor ahora mis hijos estarían detenidos e irían a la cárcel, pero no tendría uno muerto y el otro lesionado”, sentenció la madre de los delincuentes.