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Viernes, 23 de junio de 2006
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EDICIÓN IMPRESA
I rutas por la ribera I
Por las sendas de las bicicletas
Los carriles bici son hoy una forma alternativa de descongestión del tráfico, que ayudan al usuario a mejorar y cuidar su estado físico y psíquico de salud
Los carriles bici son hoy una forma alternativa de descongestión del tráfico, que ayudan al usuario a mejorar y cuidar su estado físico y psíquico de salud
Cada día son más las poblaciones ribereñas que apuestan por esta forma sostenible y alternativa al coche, que facilita la accesibilidad y comunicación fuera y dentro de sus términos municipales de una forma saludable y respetuosa con el medio ambiente.

Poco a poco, como una fina red de color verde o roja a veces, que muchas veces corre paralela al trazado del amplio asfalto, van cobrando más y más protagonismo con el devenir de los tiempos, claro que lentamente.

Ejemplos pueden citarse algunos: el carril bici de Sueca, que lleva de su núcleo poblacional hasta la piscina municipal cubierta, o aquel que comunica las poblaciones de Carlet y l’Alcúdia en una larga recta no poca veces frecuentada por viandantes, o aquel otro carril bici de más reciente obra que une Alzira con Carcaixent mediante la Avinguda de la Ribera que da accesibilidad al nuevo centro comercial Eroski.

Los carriles bici, cada día más, son un medio para combatir el estrés y la vida aglomerada de las ciudades, una forma de relajarse y airear las ideas, de observar las muchas formas que adopta la vida durante el transcurso de los paseos, una manera también de realizar deporte y mantener en buen estado físico a la persona, rentabilizando el tiempo que se emplea en los desplazamientos hasta el trabajo.

Ahorro de combustible
La bicicleta supone además un ahorro de combustible y mantenimiento de vehículos de explosión, un beneficio más entre los muchos que tiene para la vida cotidiana que lo define como el medio de locomoción a ruedas de menor impacto medioambiental, que garantiza la sostenibilidad y viene a ser como un respiro para el ecosistema.

Además de una forma de ocupar el tiempo libre y de ocio, es también una herramienta fundamental y próxima de desconexión de la rutina de las ciudades, que educar en valores de respeto y tolerancia a los más pequeños: futuras generaciones que vendrán a heredar este patrimonio natural de todos.

Necesidad de más carriles bici
Este tímido y lánguido despertar de los carriles bici viene acompañado de una gran necesidad creada por los tiempos modernos. La solución a la descongestión de la circulación dentro y fuera de las ciudades no pasa sólo por hacer más amplias autovías y carriles de asfalto, sino por buscar alternativas a estos medios de locomoción de carburante fósil, cada vez más escaso y caro.

Hoy por hoy la bicicleta, y junto a ella los carriles bici, son la apuesta más viable y económica para paliar los atascos y largas colas de las horas puntas.

A sus muchos beneficios para la salud y para el medio ambiente, cabe resaltar su fácil construcción: apenas un metro más de asfalto entre las muchas decenas de metros que necesita una autovía, apenas un cambio sutil, imperceptible e irrisorio, en la larga ristra de dígitos del presupuesto y proyecto que supone la construcción de una autovía.

Sin embargo, y a pesar de todas sus ventajas, hoy por hoy los carriles bici siguen siendo un modo de uso minoritario entre los que ruedan entre el gris asfalto, una isla perdida entre la grandiosidad de un océano alquitranado formado por una red tupida de carreteras. Y es que a sus beneficios más que probados se contrapone los planteamientos de la industria y la economía global, los jugosos ingresos del carburante para el Estado y las grandes petroleras, así como el aluvión de ricos intereses creados en torno al coche.

Queda lejano todavía aquel sueño de enlazar todos y cada uno de los pueblos de la Ribera mediante carriles bici que se extiendan por todos y cada uno de sus centros de ciudad y polígonos industriales.

Es así como el ciclista, trabajador o excursionista, aún hoy en pleno siglo XXI, seguirá exponiéndose a los muchos peligros que encierra la carretera si decide moverse en bicicleta, entre arcenes enjutos o inexistentes a veces, entre carriles que sólo contemplan la omnipresencia del coche y del motor ronroneante.