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Viernes, 23 de junio de 2006
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C. VALENCIANA
la chispa
El sexagenarioy ella
En un país en el que parece que sÓlo importan las cifras, el número de sujetos que somos capaces de movilizar para navegar, rezar, ver partidos de fútbol, carreras de coches o motos, el listado de quien sí o quien no estará para continuar ofreciendo espectáculo, en un país así, digo, pasa algo y es que el individuo aislado no cuenta.

Se ha perdido la individualidad, el yo parece haber muerto aplastado por la multitud y las estrategias de acercamiento entre los humanos pasan por una crisis.

Por eso el que se muera un tipo de 60 años en una especie de motel de carretera y que se muriera estando con una brasileña de 25 y que aquello ocupe un mínimo espacio de un minititular en la página de sucesos, me da que pensar. Es una historia anónima y triste, desde luego.

A este muerto por infarto no le doblarán las campanas y si acaso estuviera comprometido antes, con esposa e hijos, la cosa pasaría sin pena, ni gloria, con pudor, sombra y olvido.

Este residente y opositor a “papichocho” o “papidulce” ha muerto víctima de si mismo y de imbecilidad, ha creído, a lo mejor, en la Viagra o en Levitra y ha pensado que él también tenía derecho. Ha sido un polvo mortal. Polvo eres...pues si. Descanse en paz este; dicen, polvo de estrellas... será de estrellas fugaces. No ha llegado al cruce de cuerpos.

Ya lo solucionaremos. ¿No? Ahora estamos muy ocupados celebrando goles, preparando banderas y mirando la brújula y midiendo el viento y analizando los resultados del Estatut. Hay que pensar. ¿Pensar en qué? y sobre todo: ¿Para qué?

Pensar que el muerto deseaba “probar” las delicias del sexo con una joven en tanga, cuyo pasaporte podía generarle sueños de la “torcida” y de la samba, de Río de Janeiro, y de Copacabana. Pero morir por eso...no sé. ¡Qué imbecilidad!-

Otros mueren por una causa de antemano perdida, otros lo hacen en el mar navegando por hobbie y otros pescando por comer, otros luchan por la igualdad desde la fé en fronteras difíciles y otros se unen masivamente para elevar un murmullo gigante a un cielo distante, infinito, inalcanzable y silencioso donde el helio se convierte, de forma muy precisa, en hidrogeno. ¡Qué cosas!

Me gusta Rita, es lo elemental y mínimo que ahora pienso. Arréglame las aceras, por favor. Descansa en paz el sexagenario, dicen. Y a la mujer de la noticia supongo que “ el muerto al hoyo y el vivo al bollo”. La vida sigue. Voy a ver.