En un país en el que parece que sÓlo importan las cifras, el número de sujetos que somos capaces de movilizar para navegar, rezar, ver partidos de fútbol, carreras de coches o motos, el listado de quien sí o quien no estará para continuar ofreciendo espectáculo, en un país así, digo, pasa algo y es que el individuo aislado no cuenta.
Se ha perdido la individualidad, el yo parece haber muerto aplastado por la multitud y las estrategias de acercamiento entre los humanos pasan por una crisis.
Por eso el que se muera un tipo de 60 años en una especie de motel de carretera y que se muriera estando con una brasileña de 25 y que aquello ocupe un mínimo espacio de un minititular en la página de sucesos, me da que pensar. Es una historia anónima y triste, desde luego.
A este muerto por infarto no le doblarán las campanas y si acaso estuviera comprometido antes, con esposa e hijos, la cosa pasaría sin pena, ni gloria, con pudor, sombra y olvido.
Este residente y opositor a “papichocho” o “papidulce” ha muerto víctima de si mismo y de imbecilidad, ha creído, a lo mejor, en la Viagra o en Levitra y ha pensado que él también tenía derecho. Ha sido un polvo mortal. Polvo eres...pues si. Descanse en paz este; dicen, polvo de estrellas... será de estrellas fugaces. No ha llegado al cruce de cuerpos.
Ya lo solucionaremos. ¿No? Ahora estamos muy ocupados celebrando goles, preparando banderas y mirando la brújula y midiendo el viento y analizando los resultados del Estatut. Hay que pensar. ¿Pensar en qué? y sobre todo: ¿Para qué?
Pensar que el muerto deseaba “probar” las delicias del sexo con una joven en tanga, cuyo pasaporte podía generarle sueños de la “torcida” y de la samba, de Río de Janeiro, y de Copacabana. Pero morir por eso...no sé. ¡Qué imbecilidad!-
Otros mueren por una causa de antemano perdida, otros lo hacen en el mar navegando por hobbie y otros pescando por comer, otros luchan por la igualdad desde la fé en fronteras difíciles y otros se unen masivamente para elevar un murmullo gigante a un cielo distante, infinito, inalcanzable y silencioso donde el helio se convierte, de forma muy precisa, en hidrogeno. ¡Qué cosas!
Me gusta Rita, es lo elemental y mínimo que ahora pienso. Arréglame las aceras, por favor. Descansa en paz el sexagenario, dicen. Y a la mujer de la noticia supongo que “ el muerto al hoyo y el vivo al bollo”. La vida sigue. Voy a ver.