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Miércoles, 21 de junio de 2006
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EDICIÓN IMPRESA
EL INVENTO DEL MALIGNO
El 20%
Usted ya sabe que la obsesión en el mundo de la tele no es la calidad de los programas ni su contribución a la sociedad, sino el 20%. El 20% es el porcentaje de cuota de pantalla a partir del cual se puede hablar de éxito, es decir, de más publicidad y más dinero. Cuando un programa sube del 20% de ‘share’, toca la gloria; cuando no llega a él, todo son quebrantos. Así que, por convención, el 20% es al ‘share’ lo que el cinco a las viejas notas escolares: la línea del aprobado. ¿Y por qué el 20%? No hay ninguna prescripción técnica.

El baremo se ha ido imponiendo en España exclusivamente por una razón: el número habitual de competidores en el mercado televisivo, ‘en abierto’, en cualquier horario. Con tres grandes canales generalistas, más otro con vocación minoritaria y uno más que varía en cada comunidad autónoma, el mapa de la competencia se componía hasta ahora de cinco canales. ¿Cuál es el cociente de una hipotética medida de cien sobre cinco competidores? Veinte.

Pero la entrada en liza de dos nuevos canales analógicos, forzosamente tiene que traducirse en una revisión de esa cifra. Desde un punto de vista meramente aritmético, la alteración del divisor distorsiona de manera ostensible el reparto. Por decirlo con más claridad: conseguir una cuota de pantalla del 20%, hoy, es mucho más difícil que antes. En estas últimas semanas estamos viendo series o programas que superan los tres millones de espectadores, lo cual difícilmente permitiría hablar de ‘fracaso’, y que sin embargo quedan por debajo del tópico umbral.

En consecuencia, sería sensato modificar nuestras convenciones sobre la medida del éxito en términos de audiencia. Con siete canales concurrentes, el cociente de cien sería, redondeando, 14,3. Ese es el porcentaje que obtendría cada canal si el público se repartiera equitativamente entre todos ellos. Cierto que es una cifra engañosa, porque hay canales que no aspiran a más del 10% sobre el conjunto nacional, ya sea por su carácter local (las autonómicas), ya por el perfil de su programación (La 2) o ya por su falta de cobertura territorial (La Sexta). Situemos, entonces, la media en el 16%, por ejemplo. Sería más justo. Y mejoraría la salud cardiovascular de la gente que hace televisión. Dicho quede como propuesta formal al gremio.



 

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