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Miércoles, 21 de junio de 2006
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EDICIÓN IMPRESA
CULTURA
“Me siento cómodo con los enemigos culturales, sé que el mundo del arte es así”
El pintor y escultor valenciano ultima su antológica en el Museo Reina Sofía, una muestra que reúne 86 obras de sus 25 años de carrera internacional y que se inaugurará el martes
El pintor y escultor valenciano ultima su antológica en el Museo Reina Sofía, una muestra que reúne 86 obras de sus 25 años de carrera internacional y que se inaugurará el martes

Manolo Valdés no para. Muchos viajes, Nueva York, Madrid, Valencia, Dénia... ¿Cómo reparte su tiempo?
–Cuando no viajo, el ochenta por ciento del tiempo estoy en Nueva York, y el veinte restante en Madrid. Cuando voy a Valencia es sólo por 24 o 48 horas, para visitar a mi madre y mi hermana, o para ver cómo va la instalación de La Dama Ibérica en la Avenida de las Cortes Valencianas.

–¿Y a su casa de Dénia no va?
–De momento no puedo. Pero tengo muchas ganas de hacerlo.

–Me han dicho que es una casa preciosa.
–Eso creo. Es bonita, sí.

–¿Sigue siendo tan trabajador?
–Sí, lo sigo siendo. Y sigo siendo tan metódico como siempre, sólo que ahora viajo mucho más.

–¿Dónde ha expuesto este año?
–En los jardines del Palais Royal Royalde París, en Frankfurt, en Dusseldorf y en un jardín de cactus de Arizona, en Norteamérica.

–¿Jardínes de cactus?
–Era un escenario maravilloso, un jardín acotado entre dos montañas, era realmente como los paisajes de una película de John Ford.

–¿Qué expuso allí?
–Entre otras piezas, una Dama de Elche en bronce.

–Su retrospectiva en el Museo Reina Sofía, patrocinada por Bancaja, se inaugura el próximo martes. ¿Reúne piezas de todas sus etapas?
–La retrospectiva se compone de 86 obras, entre dibujos, cuadros y esculturas, desde el inicio de mi carrera en solitario en 1981. Pero no es muy historicista, se trata de una exposición por géneros. En una sala se muestran mis bodegones, en otra los paisajes y en una tercera las figuras.

–¿Y las esculturas?
–Forman parte de la sala con figuras, pero en el patio diseñado por Jean Nouvel habrá una escultura de madera policromada de cinco metros de altura y tres Colosos, mientras que en interior del museo se exponen otras esculturas.

–¿Está satisfecho con el montaje que ha realizado María José Salazar?
–Mucho, porque creo que ha hecho cosas muy acertadas, otorgando a mis dibujos y yesos un papel de hilo conductor de los temas principales de mi obra. El montaje me parece excelente.

–¿Qué piensa cuando ve reunidas obras de 1981, de los años noventa y de este mismo año?
–Uno piensa a veces que no se ha movido. Pero te mueves.

–¿Y cómo vive su primera retrospectiva en España?
–Al principio lo veía casi como ‘el final de mi trayectoria’, como una especie de Obras completas reunidas o algo así, pero luego lo he asumido de otra manera. Una retrospectiva es como una recuperación de la memoria. Hay obras que cuando las vuelvo a ver, me excitan. Me ocurrió con una antológica que me dedicaron en Saint Paul, Francia.

-Nada que ver con el erotismo, supongo.
–Una excitación creativa. Me entraron ganas de irme enseguida al estudio y ponerme a trabajar.

–Sé que los artistas, cuando viajan mucho, se ponen nerviosos. Saben que les está esperando el trabajo en su taller.
–Yo hago viajes bastante cortos, todo lo cortos que puedo. Acabo de venir de la feria de Pekín, dónde hay un coleccionismo muy pujante, y vine con un libreta llena de proyectos y bocetos. Ahora, cuando regrese a Nueva York, me encerraré en el estudio y estaré allí hasta septiembre, con el cerrojazo puesto.

–¿Cómo va quedando su Dama Ibérica en la Avenida de las Cortes?
–El emplazamiento me encanta. De vez en cuando, con cierta discreción, vengo a Valencia para ver cómo van los trabajos.

–¿Le gusta la evolución de Valencia?
–Valencia está espectacular. En muchas ciudades del mundo se habla de Valencia con envidia.

–¿Qué opina de la confrontación entre el arte de concepción clásica basado en el objeto, y por otro, con un estilo muy distinto, las videoinstalaciones o el arte efímero, como lo que expuso Santiago Sierra en la Bienal de Venecia?
–En este momento la producción artística es muy rica. Tenemos a Santiago Sierra y a Miquel Barceló. Se tiende a agruparse en trincheras, y decir que lo tuyo es lo bueno y lo otro apenas tiene interés. Pero la grandeza del arte es que hay muchas maneras de decir las cosas.

–¿No percibe un creciente cansancio con las videoinstalaciones?
–Sí, pero los artistas de videoinstalaciones también están cansados de la pintura más formal.

–¿Y Manolo Valdés qué opina de estas modas? ¿Cree que aguantarán el paso del tiempo?
–En el arte hay que mirar hacia el futuro, pero también hacia el pasado. Hay que mirar adelante y atrás. Hay que ser sensible a lo nuevo que surge, pero sin olvidar las pinturas de Altamira. El Guernica se puede ver una y diez veces. Las Meninas, igual. Con Picasso y Velázquez siempre se aprende algo.

–¿Cómo reacciona ante las críticas?
–Yo me siento cómodo teniendo enemigos culturales.

–Me sorprende usted.
–Me siento cómodo porque creo que el mundo está vivo, y esas discrepancias son una muestra de la riqueza del debate.

–Pero los debates son muy amargos a veces, hasta el punto de transformarse en enfrentamientos personales.
–El mundo del arte es así. Siempre ha sido así. Es verdad que en ocasiones uno pierde amigos. Pero estas cosas hay que vivirlas con templanza.



 

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