Cada agente forestal supervisa una media de 250 hectáreas forestales. El dato por sí solo apenas aporta información adicional, pese a ser una de las mejores ratios (vigilancia/superficie) de España. En Galicia, la autonomía que más incendios forestales registra al año y que presenta más territorio arbolado (el 60% del total), la ratio se sitúa en un agente forestal por 300 hectáreas. Cataluña no dista mucho de esta cifra: cada brigada tiene bajo su control 310 hectáreas. Más distantes están los dispositivos contra incendios de Castilla La Mancha, que el pasado verano sufrió la catástrofe ecológica de Guadalajara en la que una barbacoa mal apagada acabó con 11 muertos, con un agente para 711 hectáreas; o de Andalucía, donde cada uno supervisa una media de 991 hectáreas.
La mejor cifra recae en Madrid. Esta autonomía tiene una superficie forestal de 434.445 hectáreas que en verano es custodiada por 2.600 personas, a razón de un agente para 167 hectáreas.
Planes contra incendios
5.000 personas, entre profesionales y voluntarios, forman el dispositivo humano que cada día evita que el verde no se tiña de gris y donde hoy hay un árbol mañana no haya cenizas. Además, está el millar de personas que por la noche tienen sus ojos puestos en el bosque para impedir que se salgan con la suya los pirómanos actúen con nocturnidad.
Ni Cataluña, Andalucía o Galicia moviliza a tantas personas contra la ígnea plaga. Los bosques vecinos del norte disponen de alrededor de 6.300 efectivos, los del sur más cálido y seco de 4.700; y los de la atlántica Galicia de 6.000.
El presidente de la Asociación de Profesionales Forestales de la Comunitat, Eduardo Rojas, asegura que no es cuestión del número de personas que ahora vigilan el monte, sino de “cómo se gestiona: de que no haya basura, de que esté limpio, de que tengan los cortafuegos necesarios...”. Rojas lamenta que apenas se invierta dinero en gestión y prevención en los bosques de la Comunitat y exige que al monte se le cuide tan bien como si fuera un parque de cualquier ciudad.